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Un hombre de Brasil se hizo varias cirugías a lo largo de su vida para cambiar su aspecto y parecerse al satanás.

Michel Faro do Praddo, un tatuador de 49 años, se implantó cuernos, se cortó la nariz y el dedo anular de una mano e, incluso, se puso colmillos para verse como el “demonio humano”.

Este hombre se ha hecho famoso por sus extraordinarias transformaciones, incluso ya es conocido como el «Satanás Humano», pero al parecer el límite para él es el cielo, pues recientemente se amputó tres dedos de la mano para convertirlos en diabólicas garras.

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El tatuador reveló en sus redes sociales cómo era antes de todas las operaciones que lo llevaron a convertirse en “la encarnación del diablo en la tierra”.

Conocido por su cuenta de Instagram como Diabao Praddo, donde tiene más de 65 mil seguidores, sorprendió a los usuarios con la gigantesca modificación que sufrió su físico a los largo de casi 25 años de cirugías.

Praddo comenzó con los cambios en su cuerpo cuando conoció a Carol, su mujer. “Soy tatuador desde hace 25 años; la mayoría de los tatuajes que tengo los hago con tatuadores y profesionales a los que he pagado mucho dinero. Me dedico al blackwork y a los tatuajes brutales, que son tipos de tatuajes en los que se pinta una gran parte del cuerpo. Pero mi mujer se ha especializado en el ámbito de las modificaciones y la idea es que me convierta en su obra maestra”, aseguró al diario New York Post.

En su última operación se colocó colmillos curvados de plata que sobresalen a ambos lados de la boca y por los que pagó mil dólares. Antes, se había quitado el dedo anular de una de sus manos.

El año pasado se cortó la nariz y se convirtió en la tercera persona del mundo en hacerlo. Con esta modificación, más los cuatro cuernos que tiene a cada lado de su cabeza y a los implantes en su frente, logró tener el aspecto más amenazante del que tenía de más joven.

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En cuanto a las cirugías, el tatuador contó que soporta los cambios en su cuerpo porque tiene una alta tolerancia al dolor y aseguró que sufre más en cada postoperatorio.

“Tengo una buena resistencia al dolor. No creo que nada sea tan doloroso. Sufro mucho más después de los procedimientos que en el momento”, indicó.

“Y la verdad es que hay cambios que sin anestesia serían casi imposibles de hacer. Me encantaría no sentir ningún dolor, pero si tengo que sentir dolor para conseguir lo que quiero, seguro que lo resisto”, concluyó.

LEO

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