Por Salvador Guerrero Chiprés
@guerrerochipres
La apertura del Bureau Ejecutivo de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) en el emblemático Teatro de la Ciudad es la confirmación de la Ciudad de México como vanguardia de agendas globales y arquitecta de un nuevo municipalismo.
Oportunidad de consolidar una agenda común, fortalecer el multilateralismo y presentar una voz unida que refleje las prioridades de los territorios. Central la presencia de Emilia Saiz, secretaria general de la CGLU; Jan van Zanen, alcalde de La Haya; Ugur Ibrahim Altay, alcalde de Konya, y 140 representantes de 32 países y 36 ciudades.
Ser sede de este organismo internacional valida un modelo que desafía la lógica neoliberal de la ciudad-mercancía. Mientras el mundo atraviesa una policrisis —bélica, climática, económica y de cuidados—, la propuesta de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, es una respuesta desde lo local a un desorden global.
Al colocar las Utopías en el centro de la agenda post-2030, la ciudad está planteando que la sostenibilidad no se mide solo en emisiones de carbono, sino en la reducción de las brechas de desigualdad y la fortaleza de los cuidados.
Reivindicación del derecho a la ciudad para las minorías, los pueblos originarios y, de manera central, para las mujeres. La igualdad de género, en este contexto, es el eje sobre el cual gira la productividad de la vida, con la garantía de servicios públicos accesibles y de calidad.
En un mundo fracturado por nacionalismos y polarizaciones, la CGLU en el Teatro de la Ciudad envía un mensaje potente: las soluciones a los grandes problemas de la humanidad nacerán de lo local.
Si la ciudad es, como decía Aristóteles, un espacio creado para vivir bien, la Ciudad de México recuerda al mundo que el buen vivir empieza por reconocer que somos seres interdependientes y el Estado tiene la obligación de sostener la vida.
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