Por Eduardo López Betancourt
Recientemente el exfiscal presentó su declaración de bienes. Nadie se sorprendió, es un multimillonario a consecuencia de los altos cargos que ha ocupado, manejó la droga en México y recientemente el centro de extorción más impactante que ha existido.
Sin duda, su riqueza inconmensurable es producto del latrocinio de haber creado un sistema sofisticado para enriquecerse de manera inmoral, pero que al final, como sucede cotidianamente en nuestro país, la impunidad se marca en su máxima expresión.
A Gertz Manero lo conocí en 1964, su función era la de cuidar los murales de la Secretaría de Educación Pública; siempre mostró una actitud evasiva, aristócrata y para nada dada a entablar amistad con los demás empleados. Le apodaban La Güera, sobrenombre que por ocasiones le agradaba, pero que, por el que también mostraba cólera. Se ignora cuantos bienes poseía, seguro no eran muchos, su sueldo de aquellos tiempos no pasaba de 20 mil pesos.
Ahora resulta que Gertz es dueño de miles de millones de pesos. Yo le conozco algunas propiedades, como es un edificio en Reforma y Anillo Periférico, de unos 30 pisos y con un valor no menor a 4 mil millones de pesos; por si fuera poco, una casa en Las Brisas, Acapulco, de alrededor de 60 millones de pesos; es poseedor de una colección de coches, entre ellos, Rolls-Royce de varios millones de dólares y agreguemos a ello invaluables obras de arte, cuyos precios omite de manera intensional; las joyas no tienen precedente, no las muestra pero estamos seguros que alcanzan niveles escandalosos; por si fuera poco, para sus picardías utilizó la Asociación Civil, Universidad de las Américas.
Por la elemental justicia que debe imperar en México, su mal habida fortuna deberá ser investigada a fondo. Téngase en cuenta que desde 1964 en que lo conocí, solo ha sido burócrata, jamás hombre de negocios; alega herencias, circunstancia digna de profundizar, porque lo que bien se sabe, es el despojo de que hizo víctima a su hermano.
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