Tanya Vásquez y el llamado urgente a la inclusión en el Estado de México.
José Eder Santos Vázquez
Hay luchas que nacen en los congresos y algunas más en las calles, pero las más importantes suelen comenzar en el corazón de quienes, cansados de ser invisibles, deciden levantar la voz para reclamar algo tan simple y poderoso como su derecho a existir.
La historia de la comunidad LGBTQ+ en el Estado de México ha estado marcada por décadas de silencio, discriminación y dolor; durante años, miles de personas crecieron aprendiendo a ocultar quiénes eran por miedo al rechazo de sus familias, a las burlas en las escuelas, a la exclusión en los centros de trabajo o, incluso, a la violencia física que, en demasiadas ocasiones, terminó arrebatando vidas.
Detrás de cada estadística existe un rostro, existe una adolescencia expulsada de su hogar por amar a quien la sociedad le dijo que no debía amar, existe una persona que abandonó la escuela para escapar del acoso constante, existe una mujer trans que vio cerrarse las puertas de un empleo digno simplemente porque su identidad incomodaba a quienes debían respetarla, existen personas que fueron obligadas a vivir bajo documentos oficiales que negaban su propia existencia y que las condenaban diariamente a explicar quiénes eran frente a funcionarios, maestros, médicos o empleadores.
En una sociedad que aspira a la igualdad, existen nombres que trascienden la esfera de la lucha social para convertirse en símbolos de esperanza, justicia y transformación, uno de ellos es el de Tanya Vásquez, activista mexiquense, cuya voz, perseverancia y convicción fueron fundamentales para impulsar uno de los avances más significativos en materia de derechos humanos de las últimas décadas, el reconocimiento de la identidad de género en el Estado de México.
Su labor no puede medirse únicamente en reformas legales o procedimientos administrativos, detrás de cada derecho conquistado existe una historia humana, una vida que deja de ser invisible y una persona que recupera su dignidad frente a las instituciones y frente a la sociedad; esa ha sido la verdadera dimensión del trabajo de Tanya Vásquez, abrir caminos donde antes existían barreras y demostrar que la igualdad no debe ser una promesa, sino una realidad para todas las personas.
Durante años, integrantes de la comunidad LGBTQ+ enfrentaron obstáculos para ejercer derechos básicos, el reconocimiento de la identidad de género representó mucho más que un trámite; significó el acceso a la educación, al empleo, a la salud y a una vida libre de discriminación para cientos de personas que durante demasiado tiempo fueron obligadas a vivir bajo documentos que no reflejaban quiénes eran realmente.
Hoy, cuando México se encuentra a las puertas de nuevos procesos electorales y, el Estado de México se prepara para definir el rumbo político de los próximos años, la inclusión no puede quedar relegada a discursos de campaña ni convertirse en una bandera temporal, la defensa de los derechos humanos debe constituir un compromiso permanente de quienes aspiran a gobernar.
Las poblaciones LGBTQ+ continúan enfrentando desafíos profundos, la discriminación laboral, el abandono escolar derivado del acoso, las dificultades para acceder a servicios de salud sensibles a la diversidad y los prejuicios que persisten en distintos espacios sociales, son una realidad que no puede ignorarse, por ello, resulta indispensable que las instituciones públicas asuman una postura clara, firme y comprometida.
En este contexto, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, tiene una oportunidad histórica para fortalecer la protección de estas poblaciones mediante la emisión de recomendaciones específicas dirigidas a las dependencias gubernamentales y a la Legislatura mexiquense, dichas recomendaciones deberían impulsar políticas públicas integrales que garanticen el acceso igualitario a los servicios de salud, promuevan entornos educativos libres de violencia y discriminación, fortalezcan mecanismos de inclusión laboral y aseguren el respeto irrestricto a la identidad y expresión de género de todas las personas.
Asimismo, corresponde a la Legislatura del Estado de México continuar construyendo un marco jurídico que no solamente reconozca derechos, sino que establezca mecanismos efectivos para su protección y cumplimiento. Las leyes tienen sentido cuando transforman la vida de las personas y cuando llegan a quienes históricamente han sido excluidos de la toma de decisiones.
La historia enseña que los avances en derechos humanos nunca han sido concesiones gratuitas, han sido resultado de la valentía de mujeres y hombres que decidieron alzar la voz frente a la indiferencia, Tanya Vásquez pertenece a esa generación de activistas que entendió que el silencio perpetúa las injusticias y que la participación ciudadana puede cambiar el destino de una comunidad entera.
Su legado trasciende cualquier coyuntura política, vive en cada persona que hoy puede ejercer su derecho a la identidad, en cada joven que encuentra referentes para vivir libremente y en cada familia que aprende que el respeto y el amor son más fuertes que los prejuicios.
El mes del Orgullo representa una oportunidad para celebrar los avances alcanzados, pero también para reconocer las tareas pendientes, la igualdad plena aún no ha llegado para todas las personas, por ello, más que una conmemoración, junio debe convertirse en un recordatorio colectivo de que la dignidad humana no admite excepciones.
La inclusión no debilita a las sociedades, las fortalece; el respeto a la diversidad no amenaza a nadie, amplía las libertades de todos; y la defensa de los derechos humanos no es una causa exclusiva de una comunidad, es una responsabilidad compartida que define la calidad democrática de una nación.
Hoy, el mejor homenaje al trabajo de Tanya Vásquez consiste en continuar la lucha por un Estado de México más justo, más humano y más incluyente, un Estado donde ninguna persona tenga que pedir permiso para ser quien es, un Estado donde la diversidad sea reconocida como una riqueza social y donde la dignidad deje de ser una aspiración para convertirse, finalmente, en una realidad para todas las personas.
