EL MUNDIAL Y LA CORRUPCIÓN
“…Lo que importa es el verde. No el del césped. Tampoco el del uniforme de la selección mexicana. Sí el color de los dólares”.
Francisco Rodríguez. Índice Político
Hubo un tiempo en que el fútbol se jugaba limpio, con honor, con espíritu deportivo y sin objetivo económico. Siempre con su dosis de intensidad y de picardía. Sin mayor interés que el de meter más goles que el rival. Ese era el fútbol del pasado, el de las canchas del barrio, el de las camisetas de algodón, el que se regía con códigos de honor y se defendía con batallas campales.
El fútbol en la cancha tiene reglas claras y sencillas. La organización desde el escritorio no. Detrás de las luces multicolores, los estadios con alta tecnología, y la fiesta por la pelota, se esconde una realidad oscura: grandes intereses, sobornos, corrupción y muchos millones de dólares transfiriéndose de una cuenta bancaria a otra.
Desde hace varias décadas, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), se ha erigido como la dueña de este deporte a nivel mundial, y se ha convertido en una de las empresas más lucrativas.
Para nadie en el mundo del fútbol es desconocido que en 2015, se desatara el famoso escándalo llamado “el FIFA Gate”, derivado de una investigación judicial que destapó una red de corrupción de los dirigentes-dueños del fútbol, en la que se evidenciaron entre otras cosas: contratos por derechos de televisión a cambio de sobornos millonarios, lavado de dinero, desvío de fondos y corrupción en la elección de sedes.
No es casualidad que este mundial se está llevando a cabo en Estados Unidos, pues el Departamento de Justicia y el FBI acusaron a la FIFA de haber otorgado las sedes de Rusia 2018 y de Qatar en 2022 a consecuencia de sobornos. Se optó por incluir a México y Canadá en el paquete para que fuera menos obvio. ¿Y cómo se solucionó?, pues con más corrupción. Norteamérica es sede y se acabó el problema.
Algunas fuentes periodísticas señalan que, en este mundial, la FIFA facturará alrededor de 13 mil millones de dólares, lo que representará más del 60 por ciento en comparación con el evento mundialista de hace cuatro años; esto es, derechos televisivos, publicidad, taquillas y consumo en los estadios.
Entre los gastos de la empresa dueña del balón, se cuentan 871 millones de dólares, que se repartirán entre los 48 equipos participantes. El campeón recibirá 50 millones de dólares, el subcampeón 33, el tercer lugar 29, mientras los equipos que menos recibirán, se embolsarán la cantidad de 12.5 mdd.
El fútbol como industria representa una millonada para quienes lo han monopolizado. El negocio es cada vez mayor. Más selecciones participando, más partidos, mayor duración del torneo, más anuncios de patrocinadores; y en contraste, menos calidad futbolística, menos acceso al ciudadano común por los precios inaccesibles, menos credibilidad.
El campeonato mundial paraliza al mundo. Mueve muchas cosas y hace que se olviden otras tantas.
En México, en las ciudades sede, CDMX, Monterrey y Guadalajara se cerraron obras a toda prisa, obras sin planeación, vistosas al turismo pero que no es claro que vayan a tener beneficios permanentes para los habitantes.
El evento mundial también ha sido una ventana a la manifestación de inconformidades. Las calles han sido cerradas por docentes que denuncian promesas incumplidas. Las madres buscadoras de familiares desaparecidos han tenido que protestar durante estos eventos para exigir lo que debería ser básico en cualquier país del mundo: justicia. También persisten las demandas de transportistas y agricultores, que exigen seguridad y apoyo. Entre otras amenazas, existe la de un paro nacional durante el tercer partido de la selección nacional.
Pese a todo, el negocio tiene que continuar; un mundial marcado por las tensiones entre México y EEUU, los conflictos entre el país sede e Irán, además de los desafíos sanitarios como los brotes de ébola en algunos países africanos, ante la movilidad de millones de visitantes de todo el mundo.
Por mucho, el fútbol sigue siendo el deporte más popular del planeta, el que mueve masas y desborda pasiones, Y en cada campeonato mundial aumentan las ganancias en millones de dólares, y eso atrae más a la corrupción. Y para quienes dirigen este negocio, la justicia en el fútbol es lo de menos. Los ingresos mandan.
Y cuando el dinero manda, el deporte pierde.
