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Por Ricardo Sevilla

En 2013, en los albores del sexenio del priísta Enrique Peña Nieto, uno de los columnistas más beligerantes de la prensa política de derecha, Raymundo Riva Palacio, obtuvo la acreditación de su educación media superior (preparatoria) a los 59 años de edad.

Pero lo extraordinario del caso no radica en la edad del periodista, sino en el método de obtención: la vía de la homologación por experiencia laboral mediante gestiones directas ante la Secretaría de Educación Pública (SEP), omitiendo los canales tradicionales de evaluación escolar o exámenes estandarizados (como el CENEVAL Acuerdo 286).

Documentos internos de la SEP, a los que este columnista tuvo acceso, revelan que el proceso se activó mediante una solicitud formal de Riva Palacio, apelando a su trayectoria en medios de comunicación (que incluía la dirección de Notimex y El Universal) para validar conocimientos de tronco común (matemáticas, ciencias sociales, humanidades) sin someterse a las evaluaciones que realizan anualmente miles de ciudadanos mexicanos bajo el Acuerdo 286.

Cabe destacar que este acuerdo, si bien es cierto que contempla la acreditación de saberes adquiridos de forma autodidacta, también se cierto que exige rigurosos exámenes escritos y orales. Pero,

Lamentablemente, ese no fue el caso de Riva Palacio.

Y es que, lamentablemente, el instrumento legal, creado originalmente para reconocer los saberes adquiridos de forma autodidacta o a través de la experiencia laboral, se convirtió en un atajo institucional para Raymundo.

Cabe subrayar que el proceso ordinario del Acuerdo 286 para bachillerato exige un examen global escrito (dividido en áreas disciplinares) y, en ocasiones, una segunda fase oral o de portafolio.

La exención de estas pruebas o la laxitud en su aplicación mediante “cartas de equivalencia” dirigidas a la alta burocracia de la SEP expone la discrecionalidad del sistema. Y de los grandes beneficios que en ese tiempo obtuvo Riva Palacio.

Desgraciadamente, mientras miles de adultos son rechazados o deben recursar el examen, la “vía diplomática” o de excepción utilizada por figuras de la élite mediática tiene una tasa de efectividad del 100%, operando fuera de las estadísticas públicas de evaluación. Pero eso le importa al tramposo Raymundo Riva Palacio.

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