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Elio Henríquez/La Jornada/San Cristóbal de Las Casas, Chis. – Integrantes del Movimiento de Parteras de Chiapas Nich Ixim marcharon este martes en San Cristóbal de Las Casas para exigir a las autoridades de salud que se les permita el “ejercicio libre y autónomo de la partería tradicional; respeto a nuestra cosmovisión y fin a toda criminalización, amenazas y acoso contra nosotras”.

Dijeron que “defender la partería tradicional es defender la continuidad de los pueblos, la soberanía de los cuerpos-territorios y el equilibrio de la vida en la tierra”, por lo que seguirán luchando por sus derechos y los de las mujeres, ya que “nuestro corazón late con nuestros pueblos y comunidades”.

Manifestaron que “a pesar de todo, las mujeres chiapanecas confían en nosotras, pues en municipios indígenas más del 75 por ciento de los nacimientos los atienden parteras como nosotras, lo que prueba que nuestra práctica no sólo vive, sino que es la preferida de las comunidades”.

Las más de 30 mujeres provenientes de varios municipios indígenas del estado marcharon por la mañana del sur al centro de la ciudad. “Hoy, 5 de mayo, conmemoramos una vez más el Día Internacional de la Partera porque sabemos que existimos en la ley; somos las guardianas de las comunidades urbanas y rurales, en las que no existen enfermeras las 24 horas ni médicos; somos las guardianas que velan por la salud materna; estamos presentes los 365 días del año”, expresaron.

“¡Vivan las parteras tradicionales!”, “¡Las parteras tradicionales no están solas!” y “¡Vivan nuestras abuelas que nos heredaron el saber!”, corearon las manifestantes durante el recorrido que tardó una hora hasta concluir en la Plaza Catedral, donde colocaron un altar maya e hicieron una ceremonia tradicional encabezada por la mayora tseltal María Ruiz Sántiz.

“No a la certificación de las parteras”, “armonización de la Ley General de Salud”, “nosotras cuidamos a la mujer”, “por el respeto a las mujeres indígenas y nuestros saberes” y “tengo derecho a atender partos de las mujeres que me eligen”, escribieron en cartulinas.

Al llegar a la Plaza Catedral, situada frente al templo que le da nombre, leyeron un pronunciamiento en el que afirmaron que “somos guardianas del nacimiento, del cuerpo-territorio y de la continuidad de la vida de nuestros pueblos. Nuestra práctica no es sólo un recurso cultural ni un apoyo al sistema de hospitales, sino un sistema de salud propio, completo, espiritual y comunitario que ha sostenido la vida mucho antes de que llegaran los Estados y sus instituciones”.

Agregaron que, a pesar de que la Constitución mexicana (artículos 2 y 4), el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la Ley General de Salud “reconocen la partería como un derecho humano, seguimos enfrentando restricciones, criminalización y acoso”.

Aseguraron que “nos prohíben atender partos directamente; presionan a las mujeres para que teman parir fuera de los hospitales y les niegan servicios básicos si eligen que las atendamos, lo que viola los derechos de las mujeres y de los recién nacidos, retrasa traslados y pone en riesgo la vida”.

Las mujeres sostuvieron que “la Ley General de Salud, reformada en 2024, es clara: las parteras tradicionales podemos expedir certificados de nacimiento válidos, reconocidos por las autoridades sanitarias y el Registro Civil. El Reglamento del Registro Civil obliga a aceptarlos. Esto garantiza el derecho inmediato a la identidad de los recién nacidos, sin importar dónde o con quién parieron las mujeres. Además, la reforma afirma que el aval para ejercer la partería es el reconocimiento de la comunidad, no una certificación biomédica”.

Este marco legal, añadieron, “fortalece nuestras demandas, obliga al Estado mexicano a respetar y proteger nuestra práctica, por lo que debe eliminar trabas burocráticas y discriminación que históricamente han negado registros a bebés nacidos en nuestras manos”.

Demandaron que se les reconozca “como sistema de salud propio; que los estados vean la partería indígena como un sistema autónomo, con base científica, espiritual y comunitaria, no como algo subordinado”, así como el otorgamiento de financiamiento directo; recursos para fortalecer sus redes, intercambio de saberes entre ellas y espacios comunitarios, sin intermediarios que las controlen.

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