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Por Ceci Vadillo

El anuncio del regreso de Citlalli Hernández a las filas operativas de Morena sacudió la agenda pública la semana pasada. Para la militancia del partido-movimiento, su retorno es, ante todo, un mensaje de esperanza.

Nuestro movimiento surgió para regenerar la vida pública de México y hoy, más que nunca, requiere de referentes que nos recuerden el origen y la razón de ser de los triunfos electorales recientes. Citlalli es una mujer que ha crecido en la arena política no por un apellido, un parentesco o por recursos económicos, sino por sus convicciones y su capacidad de trabajo.

Tenía apenas 25 años cuando ganó su primera elección con el Movimiento de Regeneración Nacional, en una época donde el partido apenas cumplía un año de registro; cuando no había estructura, dinero ni aparato, sino únicamente la esperanza de justicia social frente a un modelo neoliberal. Posteriormente, al frente de la Secretaría de las Mujeres —una institución naciente—, consolidó políticas públicas y acciones directas en favor de las mujeres víctimas de violencia.

Citlalli simboliza la esencia de Morena: una organización que debe integrarse por personas impulsadas por su capacidad y no por sus privilegios. Ella, que aprendió a construir sin grandes presupuestos, representa una forma distinta de hacer política: en la plaza pública, en la calle y en el casa por casa.

Su llegada a la Comisión de Elecciones es una declaración de principios: significa priorizar la labor comunitaria y la cercanía al pueblo. Es, en esencia, el regreso de Morena a su origen. El crecimiento del partido trajo consigo un dilema real: un movimiento nacido en las calles que hoy gobierna casi todo el territorio. Con el poder llegaron también perfiles que no se formaron en la asamblea ni caminaron las colonias; personajes que se acercaron por conveniencia, cuota o acomodo. La militancia lo ve y, naturalmente, lo reciente.

Por ello, este retorno es vital para quienes creemos que el movimiento debe estar por encima de la victoria; que los ideales son el faro y no una moda pasajera. Con Citlalli al frente de la Comisión de Elecciones, se recupera la mística de las calles y la convicción de que es posible hacer política sin compadrazgos ni negociando los principios. La brújula debe apuntar siempre a fortalecer la izquierda, no a repartir posiciones.

Quienes militamos desde antes de ser gobierno lo tenemos claro: Morena no se hizo grande solo por ganar elecciones, sino por representar a millones que creen en una vida pública digna y a la altura del pueblo de México. Con la vuelta de Citlalli, esa nueva forma de hacer política deja de ser un discurso para convertirse, nuevamente, en realidad.

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