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Elio Henríquez/La Jornada/San Cristóbal de Las Casas, Chis. – Considerada un símbolo de resistencia, la indígena tsotsil, Juana Arias Pérez, sobreviviente de la masacre de Acteal, ocurrida el 22 de diciembre de 1997, fue sepultada este lunes “sin haber conocido la justicia verdadera, ni la verdad que hemos exigido durante casi tres décadas”, informó la organización Sociedad Civil Las Abejas.

“Era una gran mujer tsotsil, convencida en la lucha no-violenta” y “su ejemplo de resistencia, fe y lucha, permanecerá vivo en nuestro corazón y en nuestras comunidades”, añadió.

Dijo que “después de la masacre de las 45 personas, ‘fue llamada para servir como sahumadora para honrar la memoria y por la justicia de los mártires de Acteal, hasta que se empeoró su salud y con dolor tuvo que dejar su sagrada misión”.

Señaló que Juanita, como era conocida, falleció el pasado sábado a las 9:10 de la mañana en Acteal por padecimientos propios de su edad. Su cuerpo fue “sembrado” el medio día de este lunes “en el seno de las montañas que resguardan la tierra sagrada de Acteal y la memoria de nuestras hermanas y hermanos masacrados”.

Las Abejas manifestó que Juanita “era originaria de la comunidad Quextic Centro, de Chenalhó, pero la guerra de contrainsurgencia diseñada por el Estado mexicano, la obligó junto con su esposo que lleva el nombre del Caso 12.790-Manuel Sántiz Culebra y Otros (masacre de Acteal), presentado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a desplazarse forzadamente en el campamento Los Naranjos en Acteal, días antes de la masacre, con la esperanza que les iban a respetar su vida y su lucha pacífica”.

Expresó que “hoy, la madre tierra abrazará con ternura el cuerpo y el espíritu de nuestra hermana Juanita, en recompensa por purificar el corazón del cielo y corazón de la tierra con el humo aromático del incienso que se confundían con las neblinas sobre Acteal y, por su convicción en la búsqueda de la paz y el respeto a sus hermanas y hermanos”.

Subrayó que Juanita “murió bajo la impunidad y el negacionismo del Estado mexicano. Su muerte nos duele, pero también reafirma nuestro compromiso de la búsqueda de la Verdad y la construcción de una justicia verdadera y humanizada”.

Reiteró que “nuestra hermana Juanita se ha ido a encontrarse con su esposo, con las mujeres, con las niñas y niños, con las 45 personas y más los 4 bebés no nacidos. Seguramente, ha llevado nuestras palabras, para compartir que aquí en Chiapas y en todo México, vivimos en la vorágine de la violencia por las políticas de desprecio y de muerte del mal gobierno en complicidad con los ricos y poderosos”.

Concluyó: “Seguramente doña Juanita se presentará ante Dios papá-mamá y le platicará que la deuda del Estado mexicano con las víctimas y sobrevivientes sigue pendiente. No descansaremos hasta que haya verdad, justicia y garantías de no repetición. Y que la CIDH agilice la emisión del informe de fondo y evite profundizar más la impunidad. Que el humo del incienso lleve el espíritu de nuestra hermana Juanita hasta el cielo y, que allá, por fin pueda descansar en paz, en los brazos de Dios papá-mamá”.

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