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Ricardo Sevilla
@sevillacritico

Marco Levario Turcott, dueño de una empresa llamada Editora Periodística y Análisis de Contenidos S. A. de C. V., lleva años dedicado al jugoso negocio del insulto y la calumnia.

Este sujeto de piernas cortas e ideas limitadas soñaba con ser intelectual.

Admirador de Octavio Paz, Marco creyó que podría ser escritor. Pero, al ver que sus atributos intelectuales eran nulos, la mediocridad y el rencor comenzaron a pudrir su alma.

Contrariado y sin encontrar mejor camino, Levario decidió consagrarse a la adulación de personajes execrables como Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, dos de las más personalidades más zafias y rastreras en la historia de este país.

Aguilar Camín, dueño de Editorial Cal y Arena, le publicó un par de libros a Levario: “Primera plana. La borrachera democrática de los diarios” y “Chiapas. La guerra en el papel”, textos que jamás lograron conectar con los lectores y terminaron pudriéndose en los saldos de remate sin que nadie los comprara.

Durante el sexenio de Vicente Fox, Levario encontró lo que, más adelante, sería su trabajo: calumniador a sueldo. A través de la revista Etcétera, que él mismo dirige, Marco se dedicó a denostar a los enemigos de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto.

Denigró y desacreditó a quienes él consideraba enemigos de su propia cruzada difamatoria. ¿Y cuál era el objetivo de Levario? Hay que decirlo: conseguir contratos jugosos para su medio de comunicación, tal como habían hecho sus mentores: Krauze, Aguilar Camín y Raúl Trejo Delarbre, un sujeto que lleva cincuenta años enquistado en la UNAM.

En julio de 2008, el polémico Carlos Briseño, quien fuera rector de la Universidad de Guadalajara, contrató a Levario como secretario técnico de la Rectoría.

Pero lejos de aportar, Marco fue señalado por la propia UdeG de recibir cuantiosos pagos por servicios inexistentes. Eso incluyó malversaciones de recursos públicos y hasta de un jugoso pago de suscripciones de su revista, Etcétera, cuyos ejemplares nunca fueron entregados.

Actualmente, la fama de calumniador de Levario lo acompaña a todas partes. Hoy es señalado de trabajar para Atlas Network, una asociación que promueve ataques vs. gobiernos de izquierda en América Latina.

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