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La vigencia –como herida abierta– del asesinato del candidato presidencial priista Luis Donaldo Colosio en 1994 sigue quemando las manos de quienes quisieran darle vuelta a la hoja. La decisión del presidente López Obrador de reabrir el caso ha escandalizado a quienes de alguna manera participaron en los motivos políticos del carpetazo del año 2000.

La nueva politización del caso Colosio tiene muy bien establecido a los participantes: todos los que simpatizaron con Salinas y Zedillo no quieren volver a hablar del asunto, en tanto que el Presidente en sus mañaneras ha insistido que la investigación estuvo bajo sospechas y parcialidades que sólo intentaron evitar una verdadera investigación.

Los cuatro fiscales encargados de la investigación tuvieron sus propios enredos: Miguel Montes primero determinó un complot, pero luego dijo que siempre no; Olga González Mariscal pasó sin meterse en problemas; Pablo Chapa Bezanilla utilizó métodos poco ortodoxos y hasta santeros y fue despedido; y Luis Raúl González Pérez presumió haber sentado en el banquillo de los acusados a dos presidentes, un expresidente y dos altos funcionarios, pero sólo les recogió declaraciones llenas de contradicciones y nunca encabezó una investigación criminalística sobre lo declarado.

Los cuatro fiscales dependieron de los intereses políticos de Salinas y Zedillo, los dos, en términos periciales y criminalística, con intereses directos en la tergiversación de la investigación; por tanto, sí existen condiciones para reabrir el caso con un nuevo equipo investigador pericial y un fiscal sin haberes políticos que no dependa de los intereses de Salinas y Zedillo, ni que tampoco caiga en el garlito de Colosio Jr. que está fincando su carrera política en el olvido del asesinato de su padre.

Sólo falta por saber hasta dónde llegará el presidente López Obrador con la reapertura del caso.

 

Zona Zero

Uno de los temas más delicados y de los que hubo suficiente información fue el de las quejas de Colosio, inclusive ante amigos periodistas, sobre el doble juego de Salinas de permitirle a Manuel Camacho manipular sus conferencias de prensa para dejar la sensación de que era el candidato sustituto. Salinas le escondió a Colosio el nombramiento de Camacho como comisionado de la paz y allí se encuentra otro de los escenarios que tienen que ver con el contexto político como motivación del magnicidio.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

seguridadydefensamx@gmail.com

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@carlosramirezh

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