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Dentro del profundo navegar de su carrera artística, Bárbara Riquelme, joven actriz y directora de teatro, desembarcó en la música con su primer álbum de larga duración, Luz intensa en un día nublado, lanzado en marzo de 2022, apenas unos días antes de que diera inicio la época de primavera y en los días últimos y menos aciagos de una pandemia que acababa de azotar al mundo entero.

Acaso aprovechando la intensidad —que la cantante revela como oriunda suya— de la coyuntura y del álbum, la cantante confiesa que no hay manera de evitarla. Como consecuencia del primer sencillo de este proyecto, nace el nombre del disco, pero explica, entre emociones que no se esconden, que “es una canción un poco para evitar la amargura”, que esta emoción agria se despliega alrededor de los treintas, como que “te agarra las patas, y si luego no la agarras a patadas, se te queda”, quizá para siempre. 

“El disco en general habla sobre una serie de cosas complicadas”, resume Bárbara, “(desde) la pérdida de los amigos –cuando se van de este mundo–, la pérdida de un amor, la pérdida de la propia paz”. En pocas palabras: “un disco revuelto (…) de emociones y muy intenso”. Sin embargo, pese a lo sentida que se percibe la descripción, entre sonrisas sueltas la cantante admite que es también un disco luminoso, “porque hay mucho juego, clown, mucho juego de comedia, mucha ironía”, pero “la música se contrapone un poco con lo que digo”.

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Luz intensa…es esta sensación y esta emoción en donde no sabes si estás en la Ciudad de México cuando está muy nublado y que hay un chorro de sol; estás como acalorado, pero al mismo tiempo tienes frío”. Este disco –cuenta–  es “el punto intermedio de las cosas”, —como un espacio liminal, quizá—, “del amor, de la vida, de la amargura…”, y concluye su descripción entre risas que se disculpan por las reiteraciones que en realidad son sólo un dibujo del quehacer creativo.

En una pregunta que sirve como respiro, Bárbara Riquelme, quien tiene también la dirección de alrededor de nueve proyectos teatrales en su haber, recuerda que este disco lo escribió antes de la pandemia, y que esta última, precisamente, le sirvió para producirlo. “Yo venía del teatro y, para mí, todo ese cambio fue una introspección muy grande de plasmar mis ideas y las cosas que siento”. “Al final, cuando vas a hacer una pieza tienes que tener un tema, ¿y cuál es tu tema?, ¡pues tú!, de cierta forma tú y tu entorno”, asevera.

Al hablar sobre sus canciones, sugiere la cotidianeidad como el máximo de los estímulos: son historias ajenas, pero que también le han pasado a ella. Son reflexiones, brotes de sus agudas observaciones del día a día. Desbordó las sensaciones, apostó por los contrastes, el equilibrio, algo –dice la cantautora–, “entre la mierda y la belleza”.

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“El que mucho abarca, sabe mucho y muchas cosas”, afirma, “pienso que la vida te va llenado de cualidades”. No hay que tener miedo a aprender, a abarcar demasiado, a llenarse de muchas cosas que sirvan para “labrar un camino” para llegar a algún lado, infiere Riquelme. Y su carrera lo confirma: actriz desde niña, luego directora de teatro y ahora cantautora. Buscar una vocación. Enredarse e incluso perderse para llegar luego a algo que condense, que sea un espacio catártico, como fue para ella este disco: “el sincretismo de todas las cosas que he aprendido como artista”.

“Con la música ha pasado algo muy raro. La música es justo ese lugar que encontré en donde me muevo con una facilidad tremenda. Me topé con el piano y con los sonidos e inmediatamente pude encontrar melodías, armonías y cosas”. Continúa, confesando sus secretos de aprendizaje: “Lo que hice fue enumerar mi teclado —”yo estudié física antes de estudiar actuación”— y dije: “aquí hay doce números, y estos doce números se combinan”, entonces, de pronto la música me ha abierto puertas que nunca se me habían abierto antes. Me ha sido muy fácil entender la teoría, aprender a leer, a escribir (música)”.

“La música me quiere y yo la amo, para mí es mi vida. Yo ya no puedo existir sin hacer música, ya sea yo cantándola o componiéndola para otros. (…) me inspira mucho componer para voces porque son instrumentos al final”.

Foto: El Vicio. La cantautora de “Luz intensa en un día nublado” se presentara en el Teatro Bar El Vicio.

El vaivén de la autodidacta 

Al no tener una carrera como música, Bárbara Riquelme se vio envuelta en un ejercicio de aprendizaje propio que escaló hasta lo que es ahora. Entre risas confiesa que tenía sus canciones pero no sabía qué seguía, pero le indicaron que debía hacer unas maquetas y acudió a su maestro y más confiable consejero: YouTube, y ahí aprendió a hacerlas. Sólo luego se enfrentó a otra complejidad: producir. 

Fue en ese andar que dio con Hernán Hecht, a quien le dio sus canciones en un escenario de película, cuando ella hacía de mesera en un club clandestino de jazz y él se retiraba cargando sus instrumentos. Con el atino de pensar que “el no ya lo tenía”, le contó de su música y se las mando por correo electrónico. El resto, por supuesto, es historia.

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Es a causa de un cuestionamiento sobre la visión que separa su labor como artista dentro del teatro y ahora dentro de la música que Riquelme dispara, a este punto sin sorpresa, la máxima que resume el todo que nos ha traído hasta aquí, pero sobre todo a ella: es la música lo que le hace sentirse realmente feliz y en plenitud, “menos rígida” consigo misma. 

Cerca del final, desvela sus referencias y todas esas voces de las cuales ha bebido para construir su universo musical. Al escuchar su disco, ya con sus confesiones, es más sencillo comprender ese mundo propio que la cantante construye. Su voz se erigió a partir de la música tradicional —que ha sido parte de toda su vida—, los solos de guitarra de los boleros; culpa, de cierta forma, la melomanía de su familia; también a la música clásica; “definitivamente Los Beatles”; los sonidos de la música Latinoamérica —donde destaca a Silvio Rodríguez y a Violeta Parra—. Repertorio vasto donde los haya.

Recordando, ya pasados los minutos, que el motivo de la charla es la presentación próxima en el Teatro Bar El Vicio, Bárbara Riquelme invita a esta última presentación de su Luz intensa en un día soleado, presume –con razón– a los músicos y voces que le acompañan, así como también la participación de María Bernal, quien va a cantar una canción con ella. “Va a ser un fiestón”, concluye entre sonrisas y satisfacciones.

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