Por Ricardo Sevilla
Ayer, Morena tomó un drástica medida contra los coyotes de la política: amarrarle las manos a los vendedores de candidaturas. Porque los hay. ¡Y muchos! Y se hacen pasar por integrantes o amigos de la Transformación.
Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de las secciones internas de Morena, anunció que el instituto político se encuentra próximo a emitir la convocatoria oficial para definir a las coordinaciones estatales de la llamada “Defensa de la Transformación”.
A través de un video mensaje, que compartió en sus redes sociales, la funcionaria hizo un llamado enérgico a desestimar rumores, noticias falsas (fake news) e intentos de injerencia externa en la vida interna del partido.
Y es que sí que hay injerencistas, metiches y gente que se vende como “cercana” a la cúpula de Morena.
De hecho, estos personajes operan principalmente en estados con alto nivel de competencia interna. Y aprovechando la falta de delegados oficiales definitivos, instalan mesas de “registro” o convocan a reuniones privadas a nombre de la Comisión Nacional de Elecciones. O, incluso, de la dirigencia del partido.
Y sabe qué me llama mucho la atención? Que detrás del llamado a la calma institucional de Morena, también asoma un fenómeno persistente en la política mexicana: la proliferación de gestores o intermediarios políticos ficticios. ¡Y de cualquier partido!
En este caso, este columnista ha podido tener comunicación con diversas fuentes internas del partido y me confirman que, de cara a los próximos comicios locales y estatales, se ha detectado en diversas entidades la operación de supuestos “vínculos institucionales” y que, incluso, solicitan dinero, lealtades políticas o compromisos de campaña a cambio de asegurar un lugar en las listas de encuestas o candidaturas directas.
Es momento de que los aspirantes dejen la ingenuidad de lado. En la política actual, quien paga por una candidatura o cae en el juego de los falsos enlaces institucionales, no es una víctima; es un cómplice.
Comprar un boleto en una rifa clandestina de posiciones políticas es validar la corrupción que tanto se critica en el discurso público. Las encuestas y las designaciones deben ganarse en el territorio, con trabajo y respaldo popular, no en mesas privadas ni mediante acuerdos cupulares con personajes que solo venden humo al mejor postor.
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