Mujeres impulsan en el Estado de México la propuesta de iniciativa para tipificar en el Código Penal el delito de Estafa Romance
La relación comenzó como muchas otras, confianza, afecto, promesas de futuro y una vida compartida construida desde la intimidad, pero con el tiempo, aquello que parecía amor, terminó convertido en pérdida económica, desgaste emocional y procesos legales fragmentados, hoy, tres mujeres, activistas en defensa de los derechos de las mujeres, con miles atrás de ellas como respaldo y sororidad, en el Estado de México y en el resto del país, buscan transformar su experiencia en una causa pública y abrir una discusión jurídica que en la Entidad todavía no encuentra nombre propio dentro de la ley.
Rita Pergon, Carmen Ramírez y Monserrat Pérez, no se conocían entre sí, sus historias ocurrieron por separado, en momentos distintos, con hombres diferentes y edades distintas, sin embargo, al compartir sus testimonios públicamente descubrieron algo que las unía de manera inquietante, el patrón era prácticamente idéntico.
Según sus relatos, sus entonces parejas sentimentales aprovecharon el vínculo afectivo construido con ellas para obtener dinero, bienes o beneficios materiales mediante engaño, manipulación emocional y abuso de confianza; Carmen Ramírez perdió alrededor de 300 mil pesos, Monserrat Pérez fue despojada de aproximadamente 150 mil pesos, Rita Pergon perdió la totalidad del mobiliario del departamento que compartía con quien fue su pareja.
Los nombres señalados por cada una son distintos, Alfonso “N”, de 37 años; Gunter “N”, de 52; y Alejandro “N”, de 44; pero, de acuerdo con los testimonios reunidos por las víctimas, el modo de actuar presenta similitudes constantes: acercamiento afectivo, consolidación emocional de la relación, generación progresiva de confianza y posteriormente aprovechamiento patrimonial o económico derivado del vínculo sentimental.
Lo que inicialmente parecía una experiencia individual terminó convirtiéndose en una red de testimonios compartidos a través de publicaciones en medios de comunicación, redes sociales y espacios de denuncia pública; Rita, Carmen y Monserrat entraron en contacto y comenzaron a documentar otros casos similares, con el tiempo, las cifras crecieron.
Rita señala haber identificado a 29 víctimas más, vinculadas con el mismo presunto agresor, Carmen ha documentado al menos 20 casos adicionales relacionados con su expareja, y Fernanda García, quien previamente impulsó públicamente esta causa tras denunciar una experiencia similar, llegó a contabilizar 79 víctimas de la misma persona.
Fernanda fue una de las primeras en colocar el tema sobre la mesa pública, tras denunciar violencia relacionada con su expareja, promovió la necesidad de crear un marco legal específico que reconociera la figura conocida entre víctimas como Estafa Romance, entendida como aquella conducta donde una persona utiliza el vínculo amoroso o afectivo como herramienta para obtener dinero, bienes materiales o beneficios patrimoniales mediante manipulación emocional.
Actualmente, Fernanda permanece ilocalizable y no se conocen públicamente mayores avances sobre su caso, en marzo de 2026, Rita Pergon, Carmen Ramírez y otras víctimas sostuvieron una primera reunión con la diputada Elizabeth Mateos en el Congreso de la Ciudad de México, con el objetivo de impulsar una propuesta legislativa que tipifique esta conducta.
Pero la necesidad de crear el marco jurídico no ha quedado ahí, ahora intentan proponer en la Cámara de Diputados del Estado de México, que se tipifique como delito la Estafa Romance.
Sin embargo, a la fecha, según refieren las víctimas, no existe una iniciativa formal presentada, ni avances legislativos concretos que permitan convertir la propuesta en discusión parlamentaria, mientras tanto, los casos continúan encuadrándose dentro de figuras jurídicas parciales.
Monserrat no pudo encuadrar el hecho para poderlo denunciar, Rita logró presentar denuncia por violencia familiar, Carmen denunció por fraude, Fernanda también denunció en su momento por violencia, pero las cuatro coinciden en el mismo punto, ninguna de estas figuras jurídicas alcanza a nombrar completamente lo sucedido.
Derivado de lo anterior, debido a que el delito que denuncian no se limita al fraude financiero tradicional, tampoco se reduce exclusivamente a violencia emocional, lo que describen es una conducta específica que inicia desde el enamoramiento, se sostiene mediante manipulación afectiva y concluye con el despojo patrimonial y/o económico de la víctima.
La dimensión emocional se convierte en herramienta del delito, y el vínculo amoroso en mecanismo de acceso; en países como España, esta conducta sí cuenta con antecedentes legales bajo el concepto de estafa sentimental, contemplada dentro del análisis jurídico vinculado a engaño económico dentro de relaciones afectivas.
En México, sin embargo, no existe todavía una tipificación penal específica que reconozca la llamada Estafa Romance como figura autónoma, para quienes impulsan esta propuesta, el vacío legal genera una doble vulnerabilidad: la pérdida material y la falta de reconocimiento jurídico de lo ocurrido.
Por ello, las víctimas insisten en que no se trata únicamente de dinero, se trata también de violencia emocional, de abuso de confianza, de manipulación afectiva y de un patrón repetido que, afirman, continúa afectando a más mujeres sin una ruta legal clara para denunciarlo.
La demanda que hoy sostienen busca precisamente eso, que la ley nombre aquello que hasta ahora permanece disperso entre delitos incompletos, porque cuando el engaño nace dentro de una relación afectiva, demostrarlo ante la autoridad suele ser prácticamente imposible.
Y cuando el amor se convierte en herramienta para despojar, la herida no solo toca el patrimonio, también alcanza la confianza, deja una marca difícil de cuantificar en expedientes judiciales, pero profundamente visible en la vida de quienes la atraviesan.
Mientras el tema continúa sin avances legislativos concretos, Rita, Carmen y Monserrat, continúan haciendo lo que hasta ahora les ha permitido encontrarse con otras víctimas, hablar, nombrarlo, documentarlo y exigir que aquello que les ocurrió deje de ser únicamente una historia personal y se convierta, finalmente, en asunto de ley.
