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Elio Henríquez/La Jornada/San Cristóbal de Las Casas, Chis.- En un cuento titulado El Condenado y las Hormigas. (El amor y el desamor según un niño zapatista), el Capitán Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), comparó el proyecto de El Común con el trabajo que hacen las hormigas.El cuento narra la historia de un niño zapatista de raíz maya que vive con su familia en una comunidad donde hay zapatistas y partidistas, o sea lo que ahora llamamos ‘hermanos no zapatistas’”.

Contó Marcos: “Este niño es muy travieso. Nomás aprendió a caminar, se salía de la casa y anda vete. Cuando salían a buscarlo, los papás siempre lo encontraban en problemas: que quiso agarrar una avispa, que se pintó con lodo todo el cuerpo, de una vez bien encuerado, pero color lodo que se puso – porque se puso a jugar con los cuchitos-. Otra vez lo encontraron en el potrero según esto hablando con una vaca que acababa de tener becerrito. ‘Es que le estaba preguntando por su cría’, dijo cuando lo regañaron. Bueno, de ahí que, como el niño era muy travieso, su papá y su mamá se turnaban para cuidarlo”.

Dijo que “a este niño lo regañaba su mamá diciéndole: ‘condenado chamaco del demonio, te vas a ir al infierno por tanta travesura que haces’. Y así se pasaba el día de este niño: haciendo travesuras él, su papá haciéndose pato y su mamá regañando a los dos”, pero “llegó su día de que el niño tiene que ir a la escuela autónoma. Entonces están todos los niños y las niñas en la escuela, el primer día de clase y llega la promotora de educación”.

Cuenta el chisme, agregó, “que la promotora de educación estaba muy enamorrrada, de una vez que no se puede creer, de un promotor de salud. Pero el problema era que ella y él eran de dos puyes diferentes, o sea de dos caracoles distintos (‘puy’ quiere decir ‘caracol’ en lengua de raíz maya). Ella estaba en un puy y él en otro puy que está retirado.

Ella y él se conocieron en una fiesta de aniversario del alzamiento. No dijeron nada, sólo bailaron juntos. Y aunque hacía un frío de todos los demonios, ellos no tenían frío. Él hasta sudaba y ella se ponía roja, bien roja de la pena. No se dijeron nada, pero la promotora de educación lo investigó bien”.

Pensando en el próximo encuentro de artes “para preparar una obra de teatro sobre el común y la naturaleza, en el que podrían verse”, la promotora de educación, estaba “bien distraída”, por lo que no encontró la lista para anotar quiénes habían llegado a la clase. Para solucionar el problema pidió a las niñas y niños que dijeran su nombre. “Cuando llega el turno del niño travieso, dice: ‘Yo me llamo Condenado y me apellido Chamaco del Demonio’. Así me dice mi mamá todo el tiempo ‘Condenado Chamaco del Demonio’, entonces ése es mi nombre”.

En el texto fechado en enero-febrero, pero difundido el 18 de marzo en la página oficial del EZLN, Marcos contó que “el niño aprendió nombres y modos de muchos animales, y nombres de muchas plantas y para qué se usan. Y el niño hizo un su cuaderno de apuntes: en un lado puso los nombres de todos los animales que conocía y en otro lado los nombres de las plantas. Entonces el niño un día está revisando sus apuntes y lo mira que no están las hormigas. Y va y le pregunta a su papá de las hormigas”.

Pero “el papá estaba peleando con la mamá porque el pozol estaba agrio y así nomás no se podía, y se estaban regañando los dos, como de por sí se regañan las parejas que se quieren. El niño volvió a preguntar si las hormigas son buenas o malas. Y el señor, como seguía peleando, nomás le dijo ‘las hormigas son hormiga’. Entonces el niño quedó pensando que eso quería decir que no se sabía si las hormigas son buenas o malas y entonces hay que estudiar”.

Continuó: “Y el niño empezó a estudiar a las hormigas: dónde caminan, dónde viven, qué hacen. Y supo que hay distintos tipos de hormiga. Estuvo mirando y analizando varios hormigueros y lo miró que están organizadas las hormigas, o sea que tienen repartidos los trabajos y los cargos: hay quien sale a explorar, hay quien consigue la comida y la lleva al hormiguero, hay quien tiene y cuida a las crías, hay quien defiende, y hay quien se hace pato o pata, según, o sea haraganas”.

Señaló que “una vez, después de que llovió muy fiero, o sea, después de una tormenta, el niño fue a mirar cómo estaba un hormiguero que había cerca de su champa. Alrededor de la entrada del hormiguero había pequeños arroyitos de agua. Y las hormigas que salían de la boca del hormiguero estaban como confundidas, dando vueltas de un lado a otro. De pronto, una de ellas se mete al agujero y detrás de ella salen otras hormigas, pero como marchando, como si fueran un ejército”.

Abundó: “No hay quien manda, pero las hormigas soldados rápido se organizan y se agarran de las patitas unas y otras, y hacen como un puente sobre uno de los arroyitos y ya entonces las demás hormigas agarran camino y cruzan el puente y van donde les toca ir por alimentos y para explorar. Ya que el sol seca los arroyitos, las hormigas soldado se sueltan y vuelven al hormiguero, y salen de nuevo a su trabajo que les toca. El niño queda muy impresionado por esto que miró y queda pensando”.

Cuando posteriormente llegó el Subcomandante Moisés a la escuela a dar “una plática sobre El Común a las niñas y niños, para que desde pequeños entienden lo que se está haciendo, las pirámides, el trabajo político, las ciencias y las artes y la preparación militar para defenderse y todo eso”, les preguntó si entendieron la explicación porque todos se quedaron callados.

Narró que “como todos están callados, el SubMoy ya se va a ir cuando un niño levanta la mano. El SubMoy se detiene en la puerta y se regresa y le dice al niño que diga su palabra. El niño sólo dice ‘hormigas’. El SubMoy hace su ojo así, como que no entiende nada, y le dice ‘bueno, a ver explica eso de hormigas’. Y el niño empieza a contar lo que miró en el hormiguero, de cómo estaban organizadas las hormigas, y cada quien su trabajo, y se apoyan, y se enseñan y hasta se curan entre sí, y lo que pasó después de que llovió y cómo un grupo de hormigas su trabajo era cuidar, proteger y apoyar a su comunidad de hormigas”.

Concluyó el Capitán: “El SubMoy lo escuchó con atención, volteó a ver a los comités que lo acompañaban y los miró como diciendo “¿No les da vergüenza que un niño sí entiende y ustedes que ya están grandulones no saben explicar?” Los comités siguieron haciéndose patos y patas, como que no están ahí. Entonces el SubMoy lo felicitó al niño y le preguntó cómo se llama. Y el niño respondió ‘Condenado Chamaco del Demonio’. El SubMoy le preguntó al niño por qué se llama así y el niño señaló con la mirada a la promotora de educación que seguía suspirando y dijo ‘por culpa del amor’; luego el niño miró al formador de educación y agregó ‘y por culpa del desamor’”.

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