Ultimo Messaggio

Policía de Toluca detiene a conductor armado en operativo Blindaje Onda de calor eleva el termómetro en México

Por Pedro Linares Manuel

Hay una soledad que no depende de estar acompañado, o no. Es una soledad silenciosa, profunda, que no se llena con pareja, hijos, éxito o reconocimiento. Desde la mirada de las Constelaciones Familiares, esa soledad muchas veces nace cuando el amor que necesitábamos en el origen no llegó como lo esperábamos.

No hablamos solo de abandono físico. A veces los padres estuvieron presentes, pero emocionalmente ausentes. Hubo techo, comida y escuela, pero no mirada, no abrazo, no validación. El niño aprendió entonces a sobrevivir sin sentirse visto. Y esa experiencia temprana deja una huella que puede acompañar toda la vida.

Herida de infancia

Cuando el amor no llegó en la infancia, el alma infantil toma una decisión inconsciente: “No soy suficiente”, “No merezco que me amen” o “Debo hacer algo extraordinario para ser querido”. Desde ahí se construyen adultos que buscan aprobación constante, que temen al rechazo o que eligen relaciones donde vuelven a experimentar la misma carencia.

En constelaciones se observa que esta soledad no es debilidad, es una herida sistémica. A veces proviene de historias más antiguas: madres que no pudieron vincularse porque estaban atravesadas por su propio dolor, padres emocionalmente congelados por pérdidas no resueltas, sistemas familiares donde el afecto nunca fue aprendido.

La soledad que nace cuando el amor no llegó no se resuelve acumulando compañía. Se sana reconociendo la herida, devolviendo a los padres lo que les pertenece y tomando la vida tal como vino. No para justificar lo que faltó, sino para dejar de esperar que el pasado cambie.

Soltar el pasado sana

El movimiento sanador es profundo: aceptar que quizá no recibimos todo el amor que necesitábamos, pero sí recibimos la vida. Y desde esa vida podemos construir nuevas experiencias vinculares más conscientes. Cuando una persona deja de exigirle al pasado lo que no fue, algo se libera. La soledad empieza a transformarse en presencia. La carencia se convierte en responsabilidad. Y el adulto puede comenzar a darse a sí mismo aquello que faltó. Porque desde la mirada sistémica, la soledad más dolorosa no es la de estar solo, sino la de no haberse sentido amado. Y cuando ese dolor se mira con verdad, deja de gobernar el destino. La vida no siempre empezó como queríamos. Pero siempre puede continuar de una manera más consciente. Libros y Contenidos: www.mentisnovatea.com | Consultas Psicológicas al 56 4410 4184

The post La soledad que nace cuando el amor nunca llegó appeared first on Diario Basta!.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *