Cristian Millan
Milos Raonic ha anunciado su retiro del tenis profesional a los 35 años. El canadiense ha puesto fin a una carrera de alto impacto en el circuito ATP. Con ocho títulos y un ranking máximo de número tres del mundo, ha dejado una huella notable. Su despedida ha cerrado un capítulo relevante del tenis contemporáneo.
El tenista ha sido reconocido por uno de los servicios más potentes de su generación. Esa arma le ha permitido dominar numerosos partidos desde el inicio del punto. A lo largo de su trayectoria ha acumulado 8,445 aces oficiales. Además, ha ganado el 91 por ciento de sus juegos de servicio disputados.
Su potencia al saque le ha valido el apodo de Missile dentro del circuito. Cada turno al servicio ha representado una presión constante para sus rivales. Raonic ha construido su identidad deportiva desde esa fortaleza. El saque ha sido la base de su competitividad en superficies rápidas.
Las lesiones han limitado su continuidad en los momentos clave de su trayectoria. Aun así, ha logrado actuaciones memorables en torneos de Grand Slam. En 2016 ha alcanzado la final de Wimbledon con autoridad. Ese mismo año también ha llegado a las semifinales del Abierto de Australia.
Pese a las interrupciones, Raonic ha demostrado nivel de élite durante más de una década. Su presencia ha elevado la exigencia en el circuito masculino. Cada regreso ha mostrado resiliencia y profesionalismo. Su figura ha sido respetada por rivales y aficionados.
En el contexto nacional, su legado ha sido aún más profundo. Raonic ha sido considerado uno de los mejores tenistas canadienses de la historia. Su éxito ha abierto camino a nuevas generaciones del país. Canadá ha encontrado en él un referente internacional.
El retiro de Raonic ha marcado el cierre de una era para el tenis canadiense. Su influencia ha trascendido estadísticas y títulos. El impacto de su carrera seguirá vigente en el desarrollo del deporte. Su nombre ha quedado inscrito entre los grandes del tenis moderno.
