Por Sabina Berman
En la cabina de mandos del barco Artica 21 hay una gran pantalla donde se ve un mapamundi con las zonas de clima del planeta en tiempo real. ¿Qué clima hay ahora mismo en Brasil y cuál en el Mar de Cortés?
Un teclazo del Capitán del barco en la computadora y aparecen en el mapamundi los pronósticos de los climas del día siguiente. ¿Qué clima habrá al mediodía de mañana en la latitud 40.7128° N del Océano Atlántico?
Teclazo y se ve el clima local del Ártico del día de mañana. Teclazo y se trazan los mejores recorridos del barco interactuando con los probables climas futuros.
Hace 50 mil años inventamos el lenguaje para trascender la finitud de nuestros sentidos, para estar allá al mismo tiempo que acá: hoy una red de ojos de metal y vidrio flota sobre la atmósfera del planeta “viendo” lo que nuestros pares de ojos de carne no pueden ver –y conjugando todas las vistas en una vista total.
Caray, somos asombrosos los humanos.
Y al mismo tiempo, el domingo pasado cien medios nacionales nos aseguraron que Beatriz Gutiérrez Müller estaba ese día en Madrid gastándose una fortuna inexplicable, y no, Beatriz estaba en Minatitlán, Veracruz.
Sucedió así ese lento tejido de la mala fe.
Hace 3 meses, una foto de su hijo Jesús en una discoteca de España, dio pie a que la prensa inventara que el joven estudiaría Derecho en la Universidad Complutense de Madrid.
¿Alguna prueba?
Ni una.
Luego, a partir de que Beatriz visitó un día la Embajada de España, conjeturó que solicitó la ciudadanía española. Y este agosto un audaz periodista inventó que “ya se ha mudado” con Jesús a una mansión recién comprada en la exclusiva colonia madrileña de La Moraleja.
Para el sábado pasado el periódico ABC de España copió la mentira a dos planas.
¿Alguna prueba?
Ni una.
Para el domingo, esa ya era la noticia principal de todos los periódicos de México, y varios sesudos articulistas discurrieron sobre las consecuencias morales de ese cambio de domicilio de la ex primera dama.
Bueno, ese mismo domingo me encontré por azar a Jesús y Beatriz en el pequeño aeropuerto de Minatitlán y Jesús me lo dijo mirándome a los ojos:
–Todo es inventado. Salvo la foto donde estoy en una discoteca de España, todo lo demás es inventado.
Cuánto dice que la noticia que hizo bullir a la prensa nacional el domingo pasado era una noticia falsa.
Dice toneladas del periodismo de hoy.
¿Por qué nos mienten tan a menudo los periodistas?
La primera razón es esta. Porque pueden hacerlo, sin sanciones.
La segunda razón es más complicada. Porque buena parte del periodismo se ha subordinado al dinero y a la lucha por el poder. Un periodista para favorecer a su bando o para dar un golpe que atraiga cientos de miles de vistas, hoy se permite trampas muy graves contra la verdad.
Agrega conjeturas que hace pasar por hechos. Omite hechos. Recorta contextos. O de plano inventa historias completas.
Este lunes la doctora Müller anunció que demandaría al periódico ABC por haber mentido — y los periodistas mexicanos pusieron el grito en el cielo.
¿Cómo?: ¿coartar la sacrosanta libertad de mentir?
–Sin el periodismo la democracia muere en la oscuridad –tuiteó una adusta articulista.
Tonterías. El periodismo de hoy no le sirve a la democracia. Más bien le estorba. Ha trasvertido a la democracia en una guerra entre elites: entre los partidos políticos. Así, nos impide discernir el mapa abierto del país y sus logros y sus problemas, sus puntos de crisis y de oportunidad.
Mucho más grave: nos ha separado de la realidad.
Esta misma semana que corre, dos tribunales concluyeron que dos connotados periodistas publicaron sendas historias falsas.
Anabel Hernández aseguró que dos famosas actrices vendieron sus favores sexuales a un capo del narco y Carlos Loret aseguró que Pío López Obrador recibió dinero del erario para la campaña del año 2018 de su hermano Andrés Manuel.
¿Tuvieron pruebas?
Hasta hoy, Anabel no las ha presentado.
Loret tenía un video de Pío recibiendo dinero pero ninguna de que se tratara de algo ilegal.
Los tribunales llegaron a sus conclusiones, y sin embargo ninguno de los periodistas admite alguna culpa, menos pide una disculpa.
¿Quién les regresa la honra perdida durante años a Pío y a las famosas actrices?
¿Quién nos regresa los años de creer que sabíamos algo, que finalmente nunca sucedió?
Esta es una verdad que ha de irritar a muchos. Nos conviene a todos ponerle límites a la libertad de publicar.
Igual que imprimir dinero en tu garaje y luego hacerlo pasar por bueno es un delito y amerita cárcel, como sociedad necesitamos acordar reglas y sanciones para que la prensa no mienta.
¿Cuáles reglas y qué sanciones? Ese es un debate público que haríamos bien en tener.
Hace dos semanas un millón y medio de personas seguimos desde nuestras pantallas la exploración que realizó la embarcación SuBastian en el mar de fondo del Mar del Plata.
–Mirá –se emocionaba la bióloga que narraba lo que veía por una ventana y los espectadores por nuestras pantallas: una estrella de mar roja pegada a una piedra, 2 kilómetros bajo la superficie del mar. –Mirá pibes, esto es un Sol del Fondo del Mar, mirá qué arquitectura genial.
El chat en vivo de la transmisión por youtube saltaba frenéticamente de un mensaje exultante a otro, como si estuviéramos viendo la final de la Copa del Mundo de futbol.
Con una diferencia: no estábamos divididos en dos facciones: todos apoyábamos lo mismo: al equipo de científicos y a la inteligencia de la Naturaleza que inventó al Sol Rojo del Fondo del Mar.
Con la tecnología de hoy, el periodismo podría ser así de objetivo. Pongamos reglas y sanciones para que deba serlo.
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