Elio Henríquez/La Jornada/San Cristóbal de las Casas, Chis.- Al hablar acerca de que las artes y las ciencias se unen en un objetivo común, el Capitán Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se refirió a cómo, “en el día después, en una comunidad ficticia se han reunido pueblos originarios, buscadoras, artistas y científicos sobrevivientes de la tormenta” y “juntos enfrentan el reto de recomenzar y rehacer el mundo desde sus cimientos”.En la doceava parte de una serie de comunicados, difundida la noche de este viernes, agregó: “En el comedor comunitario ‘Mastica, no tragues’ se ha provocado una batalla campal debido a que, supuestamente, alguien del colectivo de Ciencias Aplicadas, aplicó las leyes de física a las catapultas, ejemplificando con las cucharas y con dulce de calabaza como munición”.
Los proyectiles, añadió, “cayeron indistintamente en artistas y científicos, provocando la respuesta lógica. Algo como el clásico ‘pastelazo’ usado en cinematografía. En lo más álgido del bombardeo mutuo, la Doña Juanita intervino blandiendo un sartén gigante y un cucharón tamaño XXXL, convocando a la calma, el diálogo razonado y la no aplicación unilateral de aranceles”.
Señaló que “la última vez que se vio, el Capitán estaba parapetado detrás de ollas y comales, con un casco protector modelo ‘Predato’ (armadura +100, movilidad -500, -no se ve nada-). La banda sonora (‘Yo no fui’, de Consuelito Velázquez) era interpretada por los musicales. A este connato de guerra, las reseñas posteriores lo nombrarían La Guerra del Dulce de Calabaza. Los Inicios’. (Cfr: Parte Seis: Ciencias Aplicadas. Oct 2024)”.
Continuó Marcos: “Todavía están todos en el comedor, discutiendo quién fue el que inició la escaramuza que salpicó de dulce de calabaza las mesas, las paredes y el techo. Aunque al inicio del debate, ciencias y artes se miraban con recelo, las acusaciones mutuas se contenían; no fue sino hasta que los teatreros señalaron: ‘claro, el truco infantil de la cuchara catapulta. Eso es de jardín de niños’, que el conflicto escaló”.
Agregó: “La ciencia aplicada acusó el golpe y, sin titubeos, respondió ‘Me parece escuchar un ligero tono acusatorio en lo que mencionan. En efecto, la cuchara catapulta es infantil. En cambio, bien responde a esa moda pictórica (así dijo: ‘pictórica’; no ‘artística’, ni ‘gráfica’, dijo ‘pictórica’) de arrojar tintas de colores al lienzo o a la pared y luego hacer un batidero. Creo le llaman ‘el arte ensalada’”.
El Capitán expresó que “no hubo risas ni su esbozo siquiera; hubo, en cambio, un ir y venir de miradas fulminantes (intención 1000; daño deseado 100; daño real -40). Y, de una vez, unos y otras patearon las mesas y se parapetaron detrás de sus respectivas fortificaciones. Como no había ya proyectiles a la mano, quedaron expectantes, como dudando si seguían insultándose o pasaban a la acción concreta”.
Aprovechando el impasse, dijo, “la Doña Juanita -todavía armada con sartén y cucharón-, preguntó con aire inocente: ‘¿Dónde está el Capitán?’ Fue como si un rayo rompiera la noche más oscura. De mal mirarse, las partes en pugna pasaron a intercambiar hipótesis y teorías. Aunque nadie podía recordar el lugar preciso en que el Capitán estaba en medio de la refriega, alguien señaló que, antes de empezar el combate, vio al Capitán… junto a la paila con el dulce de calabaza. Después de eso, nada. O sí, pero ya era otra vez la narración detallada de los proyectiles recibidos y la lógica respuesta”.
Afirmó que “la contadora pidió la palabra y dijo: ‘Tenemos el crimen y creo que ya sabemos quién es el criminal’. ‘El sospechoso’, aclaró la que vuela, que había visto demasiado ‘La Ley y el Orden, UVE’. Los musiqueros, siempre atentos, improvisaron -con el peine absurdo- la tonada de esa serie policial: tan, tan. Alguien propuso: ‘Levanten la mano quienes piensan que el culpable es el Capitán’. Otra voz le atajó: ‘cálmate cuatro T, no estás en un juzgado del Bienestar. Es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad’”.
Doña Juanita, prosiguió, “soltó una carcajada y sentenció: ‘¿Van a culpar al capitán de algo? Suerte con eso. ‘Hagamos como hacen aquí, citémoslo, que se presente y que declare lo que tenga que decir. Hay que buscarlo y decirle que venga’, señaló el escultor. La Doña Juanita, que parecía muy divertida y dispuesta a disfrutar lo que pasaba, preguntó socarrona. ‘¿Y quién le va a poner el cascabel al gato?’”.
Marcos también dijo que “en todos los caminos alguien remueve escombros y recuerdos y alguien espera ser encontrado. Y de eso se trata todo: de buscar y hallar verdad y justicia. Porque el mañana suele anidar en los rincones más inesperados, y siempre en el corazón de las buscadoras”.