Por Ricardo Sevilla
Felipe Calderón, como todo padre cuervo, se jacta de las hazañas de sus hijos. Especialmente, las hazañas de su hijo.
Pero no nos hagamos guajes: la infancia de Luis Felipe Calderón Zavala fue un entrenamiento intensivo en tráfico de influencias pasivo.
Y le voy a decir por qué: porque, mientras la infancia promedio en México se debate entre la educación pública y la carencia, el hijo de Felipe Calderón, protegido por el escudo de nepotismo que le tejió su padre, operaba su primera unidad de negocio a los 11 años.
Pero no crea que Luis Felipe tenía un puesto de limonadas en la acera o una mesita con dulces; en realidad, lo que este mozalbete tuvo fue una comercializadora de corbatas dentro de la estructura del Poder Ejecutivo. Y es que, bajo el cobijo del entonces presidente Felipe Calderón, el menor tuvo acceso a una “cartera de clientes” compuesta (da la casualidad) por secretarios de Estado y altos funcionarios del gobierno. ¿Y sabe qué fue lo que ganó? Lo obvio: un mercado privado.
Pero le digo más: el acceso directo del hijo de Margarita Zavala a figuras como Carlos Slim y Arturo Elías Ayub, al menos durante su adolescencia, no solo le permitió vender cámaras digitales, sino posicionarse en sectores estratégicos: bienes raíces, derecho y manufactura industrial (como lo demuestra Tarimas y Empaques Industriales San José).
De hecho, el puesto actual de Luis Felipe en Liqui Moly es la culminación de un vergonzoso currículum construido sobre alfombras rojas, no sobre procesos de selección convencionales. ¡Que no nos venga con cuentos chinos!
Lamentablemente, el hijo de Calderón quiere vendernos la fofa idea de que fue un emprendedor. Pero no es así. ¡Es una vulgar engañifa! Y es que Luis Felipe nació y creció en un hábitat político donde la transacción con el poder era natural. Pero esta “normalidad”, de la que tanto se jacta, en realidad fue una burbuja de aislamiento protegida por la seguridad que le confería ser hijo del presidente.
¡Y no nos hagamos tontos! El “emprendimiento” a los 11 años es sociológicamente imposible para el 99% de la población. ¡Menos para escuincles como él!, claro. Ahí, en su “negocito”, el riesgo financiero fue nulo y el éxito estuvo garantizado por la jerarquía del “cliente” (que eran puros subordinados de su padre).
Es evidente que no se requería una orden directa para contratar al hijo del expresidente panista; y es que la estructura social y empresarial de México opera bajo una lógica de favores y relaciones que perpetúan a las mismas familias en los nodos de poder.
¿Sabe cuál es el mérito del hijo de Calderón? ¡Ninguno! A menos que usted, querida lectora, querido lector, considera que cobrar facturas a los 11 años ya en el Gobierno Federal es algo meritorio.
The post ¡De tal palo, tal astilla! appeared first on Diario Basta!.
