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Elio Henríquez/La Jornada/San Cristóbal de Las Casas, Chis. – Adentrarse en las grutas de Rancho Nuevo, ubicadas a 10 kilómetros de San Cristóbal, es como echar a volar la imaginación con las variadas y caprichosas figuras formadas de manera natural en sus paredes y el techo.Durante el recorrido de un kilómetro con 50 metros pueden encontrarse o imaginarse las figuras de un avestruz, un calamar, un pastel de tres pisos, el Cañón del Sumidero, un cocodrilo, un monje loco y Buda, un elefante, un águila, una mano y un tenedor, entre muchas más.

El guía de turistas, Marvin José Díaz, explicó que “hay formaciones naturales que se cuelgan del techo y las paredes que se forman a través de la filtración del agua, llamadas estalactitas, así como las estalagmitas que se empiezan a formar de abajo hacia arriba por las gotas que caen de las filtraciones de las estalactitas”.

Estas formaciones, añadió, “tienen un proceso de crecimiento de un centímetro por cada diez años y el principal mineral que las forma es el calcio, por lo que se llaman rocas calizas. Cuando están creciendo es importante no tocarlas para no contaminarlas”.

Al avanzar por la caverna dijo que las grutas, descubiertas en 1947 por el fotógrafo y explorador Vicente Kramsky y su primo Edmundo Schlié, ambos ya finados, “se formaron de manera natural por un río que pasaba hace miles de años. Nunca fue una mina. En 1993 se construyó el andador”.

Las grutas se localizan en el parque ecoturístico de Rancho Nuevo, situado en una zona boscosa de alrededor de 20 hectáreas compuesta principalmente por árboles de pino.

Leonardo Gómez Pérez, presidente del parque ecoturístico Grutas de Rancho Nuevo, explicó que ese sitio cuenta con comedores, caballos, palapas, asadores de carne, elotes asados, artesanías, tirolesa, vivero, área de venados, resbaladillas y el principal atractivo, las grutas centrales y las de las Golondrinas. La entrada por persona cuesta 20 pesos.

Añadió que “en la entrada de las grutas de Rancho Nuevo se ve el mapa de Chiapas, y luego muchas otras figuras que los turistas que nos visiten pueden admirar en medio de la naturaleza”.

Marvin expresó que “en el trayecto de las grutas hay caprichos de la naturaleza, figuras curiosas. Cada cosa que el agua va formando. Es accesible para todo público. Son dos tramos: Uno de 750 metros con andador de concreto y al final hay otro recorrido de 300 metros, que es diferente porque se está más en contacto con la naturaleza de una gruta y no cuenta con iluminación, pero el camino es accesible para todos”.

Señaló que este último tramo “es un recorrido de exploración, no extremo; hay minerales porque está más abajo y hay más presión. Hay rocas de mármol, cuarzo y hierro. Esta gruta es grande. Un kilómetro y 50 metros es lo que está abierto al público, pero el total son 14 kilómetros explorados”.

Dijo que “hay figuras que algunas personas ven como la cabeza de una tortuga, un dragón chino o lo que cada quien se imagine. Esta estructura está formada por mármol blanco. Lo más común que se puede encontrar aquí son las rocas calizas típicas de cualquier gruta”.

Díaz, tsotsil originario de la vecina comunidad de Betania, municipio de Teopisca y quien lleva laborando 13 años como guía, comentó que también “hay una fuente de los deseos. Los mismos exploradores dejaron monedas que permanecen en el agua. Hay también minerales cristalizados que forman cuarzo para joyería y relojes”.

Carlos Manuel Hernández Díaz es otro de los guías; tiene 15 años de edad y trabaja en las grutas desde hace más de ocho. Su explicación inició del final hacia la entrada de la caverna.

Paso a paso fue explicando: “Allí hay un avestruz; ahí se ven la cola, las patas, la cabeza y el cuerpo. Está un calamar y a su lado un pastel de tres pisos; el cañón del Sumidero, un cocodrilo, la cara de un Santa Clos, un monje loco y Buda, tres figuras juntas, alas de mariposas, una cabeza de cobra, un elefante, un águila, la torre de Pisa de Italia, con un águila al lado volando, un tenedor, un perico, la cabeza de un gorila, las cascadas de Agua Azul, un pulpo y una rana”.

Ya casi al final del recorrido de adentro hacia afuera, Hernández Díaz siguió enumerando más figuras casi imaginarias: “Allí hay una sirena sin aleta porque se la comió el tiburón. El tiburón quedó chimuelo porque se comió una aleta de una sirena”.

Afirmó que también está en una de las paredes, “el mapa de Chiapas y un conejo, pero sólo se le ven un ojo, la cola y la oreja porque se lo comió el coyote y el coyote no se ve porque se escapó por ese hueco”.

Antes de despedirse, el joven tsotsil se detuvo en ese punto para señalar con su índice el agujero por el que, según su interpretación escapó el coyote y por el cual, después de un kilómetro con 50 metros de recorrido por la caverna, también se observa que entra la luz natural del sol y aparece parte del cielo azul, con lo que concluye el camino por la caverna.

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