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El llamado fue a transformar no solo las instituciones y también las relaciones más íntimas de la vida social

En Chiapas, hablar de igualdad de género es también hablar de resistencia. Es reconocer los silencios impuestos, las violencias normalizadas y las brechas históricas que han marcado la vida de miles de mujeres, especialmente en los pueblos originarios. Pero hoy, en el marco del Congreso Internacional “Lekil Kuxlejal: El Buen Vivir para la Prosperidad Compartida”, ese diálogo se transformó en un espacio de conciencia, cuestionamiento y esperanza.

Desde la Biblioteca “Carlos Maciel Espinosa” de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (Unach) y la Secretaría de Educación (SE), encabezada por Roger Mandujano, convocó al panel “Igualdad, libertad y empoderamiento de las mujeres para el Buen Vivir”, donde voces diversas coincidieron en una idea central: no puede existir Buen Vivir mientras persistan las desigualdades.

La secretaria para las Mujeres e Igualdad de Género, Marian Vázquez González, abrió el diálogo con una afirmación firme: la violencia debe detenerse en todos los espacios, desde lo privado hasta lo público. Recordó que el Lekil Kuxlejal no es un concepto abstracto, sino una práctica cotidiana que nace del corazón y se traduce en acciones concretas.

“El buen vivir no es lo material, sino lo espiritual. Cuando decimos que estamos en contra de la violencia, estamos aplicando el Lekil Kuxlejal; hacemos lo que nuestro corazón dicta para alcanzar el bien común”, expuso.

Desde la mirada pedagógica y comunitaria, la investigadora tseltal, Lucía Velasco Jiménez, profundizó en la raíz cultural del Buen Vivir. Explicó que para los tseltaletik, el Lekil Kuxlejal es Ich’el ta muk’el: respeto y armonía con la madre naturaleza y la comunidad; para el pueblo zoque es Wapa Juy, vivir con lo necesario en equilibrio con las divinidades de la naturaleza; y para el pueblo ch’ol es Weñ chumul, la buena relación con el entorno.

Desde esa visión, sostuvo que la educación debe dejar de imponer modelos homogéneos y recuperar su dimensión comunitaria, ética y espiritual. Debe ser aprendizaje situado en la lengua y cultura originaria, diálogo entre saber ancestral y conocimiento científico, práctica intercultural que privilegie la armonía colectiva sobre la competencia individual: “Hoy estamos en ese proceso. Cuántos dolores no hay ocultos en los corazones de las mujeres de Chiapas. Es vital trabajar en equipo; el camino puede ser lento, pero es el que nos llevará a la transformación”.

El debate se intensificó cuando Claudia Sancho, subsecretaria de Igualdad e Inclusión de Género de la Semuigen, lanzó una pregunta directa:

¿Qué significa, en la vida comunitaria, ser libre como mujer en Chiapas?

La académica María Victoria Espinoza Villatoro respondió con nuevas interrogantes que interpelaron al auditorio:
¿Puede hablarse de Buen Vivir mientras persistan estructuras patriarcales?
¿El Lekil Kuxlejal reconoce plenamente los liderazgos epistémicos de las mujeres?
¿Hasta qué punto este horizonte filosófico incorpora la experiencia diferenciada que han vivido ellas?

María de la Flor Gómez Cruz, directora del Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígena (Celali), compartió una vivencia personal que evidenció el costo de la desvinculación comunitaria: “Cuando estudié la secundaria, junto con mi madre nos mudamos a la cabecera municipal. Ahí conocí el hambre y la escasez. Dejar de cultivar y pagar renta fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Nos alejamos de nuestro contexto para poder estudiar”.

Desde el ámbito económico, Karla Aguerrebere, directora de la organización Impacto, señaló la urgencia de crear espacios de confianza donde las mujeres artesanas puedan fortalecer sus capacidades, innovar y ejercer autonomía económica.

“El Lekil Kuxlejal comienza con la decisión del ‘yo quiero’. Necesitamos empujar esas líneas, fortalecer sus capacidades y reconocer su enorme aporte a la interculturalidad”.

Finalmente, Esperanza Soledad Lara, habló de una revolución silenciosa que hoy cobra fuerza a través del Programa de Alfabetización “Chiapas Puede”: mujeres que, después de décadas de exclusión, aprenden a leer y escribir. “Ver a mujeres indígenas de 40, 50 e incluso más de 100 años emocionadas por aprender es profundamente conmovedor. Ellas siempre quisieron hacerlo; simplemente nadie les dio la oportunidad”.

Hoy en Chiapas, ese horizonte comienza a ampliarse. Bajo el nuevo impulso del Gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar, el discurso de igualdad se traduce en políticas, programas y espacios de diálogo que reconocen la deuda histórica con las mujeres y buscan saldarla con acciones concretas.

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