La comunidad de San Pedro Nexapa enfrenta una escalada constante de robos de motocicletas durante la madrugada, sin que exista una respuesta efectiva de la autoridad local.
REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En San Pedro Nexapa, la noche se ha convertido en aliada del delito. Bajo la penumbra de calles sin vigilancia constante, el robo de motocicletas se ha vuelto una escena recurrente que golpea directamente a las familias trabajadoras de esta comunidad perteneciente a Amecameca.
La avenida La Palma y su cruce con la calle Ayuntamiento se han consolidado como uno de los puntos más vulnerables, donde la delincuencia actúa con precisión y sin obstáculos.
Durante la madrugada reciente, dos sujetos sustrajeron una motocicleta estacionada frente a un domicilio, operación que quedó registrada en cámaras de seguridad particulares. Sin embargo, la evidencia no fue suficiente para impedir el robo.
La falta de acceso inmediato a las grabaciones y la ausencia total de una respuesta policial permitieron que los responsables huyeran sin contratiempos hacia la zona conocida como Las Flores, territorio que vecinos identifican como refugio habitual de los delincuentes.
El hecho no es aislado. Habitantes de la comunidad aseguran que los robos se concentran en horarios nocturnos, cuando la presencia de patrullas municipales es prácticamente inexistente. Esta omisión ha detonado un reclamo social que ya no se limita a la inseguridad, sino que apunta directamente a la responsabilidad política del ayuntamiento, al que acusan de abandonar a las colonias periféricas.
La pérdida de una motocicleta representa mucho más que un daño material. Para muchas familias es su único medio de transporte y su herramienta de trabajo. Además, existe el temor de que las unidades robadas sean utilizadas posteriormente para cometer asaltos en la región, alimentando un círculo de violencia que se expande sin control.
Frente a este panorama, vecinos de San Pedro Nexapa exigen una intervención inmediata: patrullajes permanentes, vigilancia focalizada en zonas críticas y una estrategia real de prevención del delito. La exigencia es clara: seguridad no como discurso, sino como obligación. Mientras tanto, la comunidad sigue pagando el costo de una autoridad ausente y de una inseguridad que avanza sin freno en las calles de Amecameca.
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