Por Eduardo López Betancourt
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Jamás, ni siquiera por equivocación, no imaginé presenciar un momento de tan marcado deterioro musical. De pronto, a Bad Bunny se le rinde homenaje como si fuera el cantautor más destacado y brillante de su generación. Nunca he sido partidario de la idea de que todo tiempo pasado fue mejor; sin embargo, en este caso concreto, el fenómeno me resulta francamente patético. Antes de emitir un juicio, opté por conocer su obra: escuché su música y revisé con atención las letras de sus canciones; así, una que se llama “Dákiti” dice lo siguiente: Baby, ya yo me enteré, se nota cuando me ves, ahí, donde no has llegao, sabes que yo te llevaré. Y dime qué quieres beber, es que tú eres mi bebé. ¿Y de nosotros quién va a hablar?, si no nos dejamos ver”. Esta última afirmación se repite infinidad de veces.
Lo lamentable es que su propuesta artística parezca justificarse únicamente cuando el intérprete recurre a estimulantes que lo conducen a estados cercanos a la paranoia, con los que logra, de alguna manera, enloquecer a su público. Sus defensores sostienen que Bad Bunny es un férreo impulsor del español puertorriqueño. A fin de cuentas, es cierto que “en gustos se rompen géneros”: las preferencias son respetables y no me siento autorizado para afirmar que Benito Ocasio sea un engendro musical. No obstante, debo decir que, en lo personal, no me agrada su música.
Para mí, la música continúa siendo una manifestación intensa de belleza y una búsqueda constante de perfección. Por ello, cuando escucho los versos de “Bésame mucho”, de la lúcida y siempre reconocida Consuelo Velázquez, quedo atónito ante esa prosa poética convertida en expresión musical icónica: *“Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez. Bésame, bésame mucho, que tengo miedo a perderte, perderte después, quiero tenerte muy cerca, mirarme en tus ojos, verte junto a mí; piensa que tal vez mañana yo ya estaré lejos, muy lejos de ti”. Sin duda, Bad Bunny para muchos será excepcional, pero yo me quedo con los grandes poetas de la canción: Consuelito Velázquez, Agustín Lara, Ricardo Palmerín y, recientemente, José Alfredo Jiménez, Martín Urieta y otros que para mí son “gigantes de la canción”.
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