Por Eduardo López Betancourt
Renunció Adán Augusto López
Hace unos días, el tabasqueño Adán Augusto López Hernández renunció a la coordinación política del Senado de la República.
Conviene recordar que en dicha coordinación confluyen los representantes de todas las fracciones parlamentarias. El hecho resulta particularmente llamativo, ya que fue el propio expresidente Andrés Manuel López Obrador quien lo designó para tan relevante encargo. López Obrador nunca fue moderado al señalar quiénes debían ocupar las coordinaciones parlamentarias, tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, e incluso definió con precisión quién habría de encabezar importantes secretarías de Estado.
Durante el proceso previo a la sucesión presidencial, el entonces mandatario invitó a diversos personajes políticos a participar activamente en actos electorales, bajo una lógica muy clara: quien resultara vencedor sería el candidato a la Presidencia de la República, mientras que los demás asumirían distintas responsabilidades, sin que ninguno quedara fuera de la vida política.
En el Senado comenzaron a surgir complicaciones cuando un personaje sui géneris, de corte marcadamente folclórico, aspiró a coordinar a los senadores. Como salida decorosa, se le ofreció la presidencia del Senado por un año. En contraste, a Adán Augusto López Hernández, uno de los hombres de mayor confianza de López Obrador, se le asignó, sin mayor explicación pública, la coordinación del grupo parlamentario.
Durante su gestión desempeñó un papel clave, particularmente cuando a Morena le faltó un solo voto para alcanzar la mayoría absoluta. En ese contexto, se incorporaron al partido personajes de dudosa lealtad y con antecedentes cuestionables, decisión que, lejos de fortalecer al movimiento, terminó por causarle un evidente desgaste.
Ante la inesperada renuncia de Adán Augusto, surge la interrogante sobre una posible fractura, o al menos distanciamiento, entre el gobierno anterior y el actual. Otro indicio relevante fue la artificiosa renuncia de Alejandro Gertz Manero, un funcionario polémico, ampliamente criticado y poco apreciado, quien durante años gozó del respaldo irrestricto del llamado “Peje”.
La salida simultánea de figuras como Gertz Manero y Adán Augusto parece marcar un nuevo rumbo político. En esa misma lógica, no sería extraño que pronto se produzcan ajustes que alcancen a Ricardo Monreal y, eventualmente, al propio Secretario de Estado Ebrard, configurando así un reacomodo largamente esperado.
Se ha señalado que Adán Augusto deja el cargo a raíz de diversos escándalos, particularmente aquellos relacionados con presuntos vínculos con grupos delictivos de alto perfil en Tabasco. Sin embargo, es bien sabido que ese tipo de señalamientos, por sí solos, rara vez son suficientes para provocar una renuncia de tal magnitud. La historia política reciente está repleta de personajes impresentables que, pese a sus fracasos y excesos, han sido sostenidos en sus cargos.
En suma, la salida de Adán Augusto constituye un episodio de gran interés político y abre la puerta a innumerables conjeturas sobre el verdadero reordenamiento del poder en el nuevo escenario nacional.
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