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Acusa que la CAEV sólo otorga apoyos mínimos y niega recursos para jornadas de búsqueda, lo que frena la localización de personas desaparecidas.

JAVIER LETHER
GRUPO CANTÓN

Ciudad de México.– Desde hace casi 18 años, María Luz López Castruita busca a su hija, Irma Claribel Lamas López, desaparecida en 2008 cuando tenía 17 años, sin una línea de investigación clara y con un desgaste físico y emocional que, asegura, no le ha quitado la determinación de seguir buscando, no sólo a su hija, sino a cientos de personas más.

En entrevista con Diario Basta, Lucy —como es conocida— denunció que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) ha limitado el apoyo a las familias, particularmente en las búsquedas en campo. “Para búsquedas está mucho, muy complicado. No hemos logrado que se nos otorgue apoyo”, afirmó.

Explicó que actualmente la CEAV sólo responde con apoyos de canasta básica y arrendamiento, y únicamente para familias que cuentan con denuncia federal. “No es parejo, no es para todas. Y para búsquedas, prácticamente no hay respuesta”, señaló.

Lucy coordina el colectivo “Voz que la Justicia por personas desaparecidas” y Búsqueda Nacional en Vida por nuestros desaparecidos”, desde 2018 y asegura que, pese a entregar la documentación en tiempo y forma, el apoyo para traslados ha sido sistemáticamente negado. “Yo sólo pido el traslado de las familias al lugar de la búsqueda. La alimentación y el hospedaje los conseguimos por otros medios”, explicó.

Según le han dicho autoridades federales, el problema es que las jornadas que organiza son consideradas “masivas”. “Me dijeron que se batalla conmigo porque hacemos búsquedas de 70 u 80 personas. Que si fueran de 15 o 20, no habría problema”, relató.

Actualmente, el colectivo acompaña 18 casos con denuncia federal; sin embargo, en las búsquedas participan también familias con denuncias estatales, lo que eleva la cifra total a entre 100 y 150 personas. “Eso ya lo consideran masivo y por eso niegan el apoyo”, dijo.

Para evitar abusos y facilitar el respaldo institucional, Lucy decidió solicitar únicamente el transporte. “No pedimos psicólogos, ni médicos, ni apoyo jurídico. Si se diera todo, serían entre 40 y 50 mil pesos por familia. Yo entiendo que eso sería mucho, por eso sólo pedimos pasajes”, explicó.

La falta de recursos ha tenido consecuencias directas. “Se inscriben 120 o 130 personas y terminan llegando 60. Muchas me dicen que no pueden ir porque no les llegó el apoyo y no tienen para el pasaje”, lamentó.

En algunos casos, el colectivo ha logrado apoyar con donativos o gestiones ante universidades, pero reconoce que no es suficiente. “Es frustrante, da coraje. Sentimos que nos atan las manos. Salimos a buscar sólo con lo que tenemos”, dijo.

Lucy también señaló diferencias en el trato institucional entre regiones. “Conozco colectivos del sur que sí han hecho búsquedas sin problema, pero porque van 10 o 15 personas. Acá en el norte, especialmente en Coahuila, hay muchas quejas contra el delegado Ricardo Ortiz, porque pone muchísimas trabas. Parece que el dinero fuera de él. Ponen pretextos para todo”, afirmó.

Sobre su historia personal, recordó que en 2008 la desaparición de personas no era atendida como delito. “Ni siquiera nos querían tomar la denuncia. Cada quien buscaba por su lado”, relató. Con el tiempo, las madres se fueron organizando y empujaron la creación de instituciones como la CEAV, la Comisión de Búsqueda y fiscalías especializadas.

“El dolor no se va. Al contrario, duele más con los años”, confesó. “Estoy cansada, muy cansada. Siento que no me va a alcanzar la vida. Hay días que comes llorando, que no duermes”.

Lucy aseguró que, para los casos de larga data, la búsqueda se vuelve aún más difícil. “Las líneas de investigación se van perdiendo. Ya no hay testigos, ya no hay registros. A veces parece que todo fue un sueño, que mi hija no existió”, dijo.

Aun así, afirmó que mantenerse en pie es una forma de resistencia. “Tengo que estar cuerda para ayudar a quienes empiezan y para ver si logro, aunque sea, la línea de investigación más mínima. Con eso me sostengo”.

Para Lucy, la falta de apoyo institucional no sólo retrasa las búsquedas, sino que profundiza el desgaste de las familias. “Si nosotras no salimos a buscar, nadie lo va a hacer”, concluyó.

FRASE

“El dolor no se va. Al contrario, duele más con los años”, confesó. “Estoy cansada, muy cansada. Siento que no me va a alcanzar la vida. Hay días que comes llorando, que no duermes”.

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