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Redacción

La atención a la salud mental resulta indispensable para alcanzar un bienestar integral y una mejor calidad de vida, al ser un componente fundamental del derecho humano a la salud. Así lo expuso el psicólogo y criminólogo Octavio Andrade Carbonell, integrante de la Unidad Interdisciplinaria de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM), al subrayar que este ámbito influye de manera directa en la forma en que las personas piensan, sienten y se relacionan con su entorno.

El especialista explicó que la salud mental se entiende como un estado de bienestar que permite tomar decisiones favorables para la vida cotidiana, comprender y regular las emociones, así como interactuar de manera adecuada en los distintos espacios sociales, como la familia, el trabajo y la comunidad. Estas capacidades, señaló, son esenciales para el desarrollo personal y social.

Destacó que la salud mental constituye un derecho humano implícito, al formar parte del derecho a la salud en su concepción más amplia, que abarca no solo la ausencia de enfermedad, sino también las condiciones necesarias para un bienestar físico, mental y social pleno.

Andrade Carbonell advirtió que una mala salud mental deteriora de forma significativa la calidad de vida integral. Indicó que existen señales de alerta que pueden advertir la presencia de un problema y la necesidad de buscar ayuda profesional, entre ellas cambios bruscos de estado de ánimo, estallidos de ira desproporcionados y alteraciones importantes en la alimentación.

Añadió que también se consideran signos de riesgo los problemas de sueño, como insomnio o descanso no reparador; la tristeza persistente, la depresión, la melancolía y el llanto frecuente; así como la ansiedad intensa ante situaciones cotidianas y la dificultad para tomar decisiones.

El especialista mencionó que otras señales graves incluyen la ideación suicida, la percepción del suicidio como una posible solución y la permanencia en relaciones violentas o abusivas, aun cuando se reconoce el daño que generan. Estos indicadores, subrayó, requieren atención inmediata y acompañamiento adecuado.

En contraste, explicó que la salud mental se integra por tres dimensiones principales: la cognitiva, relacionada con la forma de interpretar la realidad; la emocional, vinculada con la gestión de las emociones; y la social, que se refiere a la calidad de las relaciones y a la capacidad para crear vínculos sanos.

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