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Metepec se ha convertido en un punto de referencia dentro del Estado de México. Se ha
posicionado como un municipio dinámico, atractivo y cada vez más conectado. Su
crecimiento, su actividad económica, su capacidad para conservar su identidad y la
incorporación de nuevas formas de desarrollo, han fortalecido su presencia en la región. Sin
embargo, detrás de esa proyección surge una pregunta inevitable.

¿Estamos aprovechando plenamente el potencial de nuestro municipio?

La respuesta no es sencilla porque Metepec es un territorio lleno de contrastes. Se puede
subir al Calvario, recorrer el Ex Convento de San Juan Bautista que cuenta siglos de
historia, o caminar por el Mercado de las Artesanías. Al mismo tiempo, surgen nuevas rutas
de movilidad, como el Tren Interurbano; la oferta educativa se expande, el comercio se
diversifica y el atractivo habitacional se fortalece. Todo esto convive en un mismo municipio.

No obstante, al mirar con mayor detenimiento, aparece un escenario más complejo.
Metepec avanza, sí, pero lo hace de manera uniforme. Algunas zonas reflejan con claridad
la convergencia entre tradición y modernidad, mientras otras quedan relegadas a una
realidad que no coincide con el discurso de progreso.

No se trata de un reproche personal; de hecho, es un diagnóstico social que atraviesa las
conversaciones cotidianas y lo vuelve una demanda colectiva. El desarrollo pierde
profundidad cuando algunas realidades se suspenden en una condición de desamparo. Las
comunidades, la identidad que nos define, las juventudes y las nuevas agendas, siguen
buscando un modelo de inclusión auténtica, no convenciera.

En este sentido, Metepec revela su mayor fortaleza, el talento de las y los artesanos que
trabajan el barro, así como de personas emprendedoras, profesionistas, comerciantes,
deportistas y estudiantes; un talento que está presente y se reconoce, pero su
reconocimiento no basta. Es necesario invertir en él, ampliarlo y convertirlo en un
componente esencial de nuestro futuro, respetando siempre los saberes que han sostenido
a la comunidad.

Lo que necesitamos ahora, es una forma distinta de leer la realidad. No basta con crecer en
infraestructura, cuando su verdadero potencial se revela en la articulación del crecimiento
con la diversidad de sus comunidades, la preservación de sus tradiciones y la participación
activa de quienes viven y construyen Metepec día a día.

Hablar de Metepec con profundidad es indispensable, lo digo desde mi posición como
ciudadano que observa, dialoga y propone. No desde la confrontación, sino desde la
responsabilidad de comprender que cuenta con un potencial que aún no ha sido desplegado
por completo. Merece una conversación nueva, más honesta, más cercana a su gente y
más consciente de que el futuro no se improvisa.

Desde este espacio, asumo el compromiso de contribuir a esa conversación. De barro y de concreto, así se levanta nuestro municipio, reconociendo esa dualidad que asume que su futuro depende tanto de la historia que lo sustenta como de las decisiones que hoy tomamos.

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