REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio de Tlalmanalco, la promesa de seguridad pública terminó convertida en una postal de abandono. En San Rafael, particularmente en las zonas de Barrio Alto y La Cañada, los módulos de vigilancia municipales lucen desmantelados, vandalizados y sin personal que los opere.
Lo que alguna vez se presentó como infraestructura estratégica hoy funciona como refugio de consumo de alcohol y presuntas actividades ilícitas, mientras las familias observan impotentes cómo la autoridad se desvanece.
Las instalaciones muestran cristales rotos, paredes grafiteadas y montones de basura. Ya no representan auxilio, sino riesgo, y su deterioro simboliza el debilitamiento institucional. No es casual, aseguran los vecinos, que la violencia haya repuntado: diciembre de 2025 dejó el registro de al menos dos homicidios en la comunidad, hechos que encendieron las alertas sociales y reforzaron la percepción de abandono gubernamental.
Los habitantes exigen acciones reales: rehabilitación inmediata de estos espacios, patrullaje constante y una estrategia seria que devuelva tranquilidad. Sin embargo, la autoridad municipal permanece callada. El presidente Luis Enrique “Güicho” Sánchez Reyes no ha respondido a los señalamientos, pese a que su administración, comprometida al periodo 2024–2027, enfrenta ya un visible deterioro de credibilidad. Su silencio, mientras la inseguridad se afianza, profundiza la indignación ciudadana y confirma la distancia entre el discurso oficial y la realidad que se vive en las calles.
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