Tarde o temprano el reyezuelo José Gerardo Rodolfo Fernández Noroña de la Inmaculada Concepción, también conocido como su majestad Gerardo I, iba a descubrir (y lo descubrió de la peor manera, ¡vaya que sí!), desde la cima de su pequeñez, que no es lo mismo insultar, denostar y violentar a mujeres como Lilly Téllez, Margarita Zavala, Elena Chávez o Azucena Uresti, que enfrentar a un hombre como el líder nacional priista Alejandro Moreno Cárdenas.
Gerardito le ladró al perro equivocado y por eso acabó pagando las consecuencias.
Aunque, como buen buscabullas, le salió barato, muy barato. Porque, fiel a su naturaleza, salió por patitas. Llorando y clamando por ayuda.
Noroña cerró su gestión al frente de la presidencia del Senado de la misma forma como la comenzó. Muy a su estilo: Vulgar, soez, ordinario, patán. Intoxicado por la soberbia y trepado sobre el ladrillo en el que se suelen subir aquellos que jamás han sido nada y que jamás han tenido nada. Fue un año muy largo para todos aquellos que tuvieron que aguantarlo, padecerlo y soportarlo.
Hasta que un buen día, alguien que ya estaba hasta la madre de sus desplantes y arrogancias, no se aguantó las ganas.
Por eso fue que Alejandro Moreno, quien no se deja de nadie, le atizó un par de soplamocos. Porque si hubieran sido verdaderos puñetazos en estos momentos estaríamos reseñando otra cosa.
Y que quede bien clara una cosa: Siempre seré enemiga de la violencia y de las manifestaciones violentas. Pero quien siembra tormentas cosecha tempestades y Gerardito, por sus modos y mañas, ya le había llenado el buche de piedritas a varios.
Pero este circo mediático tiene como pretexto distraer la atención mediática de algo verdaderamente escandaloso. Noroña es tan astuto como llorón. Y este bochornoso episodio le vino como anillo al dedo al morenista para que nadie se ocupe de su repentina jauja patrimonial, esa que de la noche a la mañana le permitió adquirir un humilde jacalito de 12 millones de pesos. ¿Quién pompó, Gerardito? ¿O apoco piensas que nos vamos a tragar el cuento de que alguna institución le va a autorizar un crédito hipotecario a un hombre de 65 años de edad nada más por su linda cara? Ya sabemos, por tus propias palabras, que no eres partidario de vivir en austeridad, pero esto raya en el cinismo, ¿no te parece?
¿Y ahora qué sigue? ¿Espantar y presionar a Alito Moreno con el petate del desafuero o llevar tu demanda penal a sus últimas consecuencias hasta obligarlo a que se disculpe públicamente para que reciba el perdón de su “alteza serenísima”, tal como lo hiciste con el abogado Carlos Velázquez de León, quien tuvo la osadía de mancillar tu investidura?
Y a todo esto: Si ya estás despilfarrando los recursos del pueblo en lujos y frivolidades, págale unas buenas clases de actuación a tu empleado (sí, tu empleado, no es trabajador del Senado) Emiliano González. ¿A qué “lesionado” se le ocurre presentarse ante las cámaras usando un collarín ortopédico mientras soporta el peso de su brazo “fracturado” en su cuello “lesionado”? Además, nadie le destruyó su equipo… Traía un palo para selfies.
¡Ridículo!
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