Por Salvador Guerrero Chiprés
Deambular errante, permanencia injustificada en un mismo sitio o evidencia física de golpes son algunas señales de alerta para las y los operadores de las cámaras de videovigilancia de la Ciudad de México, las cuales posibilitan la atención oportuna de una víctima o la detención de delincuentes.
El uso de estas herramientas se ha convertido en una estrategia clave para la detección de delitos, el seguimiento de sospechosos y la intervención policial. Esa capacidad de grabar incidentes en tiempo real y utilizar las imágenes como prueba en investigaciones judiciales ha demostrado ser un recurso valioso.
Por su simple presencia en espacios públicos, las cámaras disuaden la actividad delictiva, aunque los mayores beneficios se aprecian con la capacidad de utilizar la información de manera efectiva.
Ese fue el caso ocurrido en la alcaldía Cuauhtémoc, con una mujer raptada por dos hombres, mutilada de los dedos meñique, golpeada y abandonada afuera de un hotel.
Tras ser detectada por medio de las cámaras de uno de los siete C2 con que cuenta el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5), policías ayudaron a la víctima y detuvieron a los agresores.
En la videovigilancia, que por instrucciones de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, llegará a 150 mil cámaras en 2030, hay contribución en el combate a la impunidad al posibilitar capturas en flagrancia o en el uso de los videos como elementos de prueba en juicios.
Con la previsión de crecimiento, la capital nacional será una de las ciudades del mundo más videovigiladas, por arriba de Seúl y Londres que cuentan con 144 mil 513 y 127 mil 423 cámaras públicas respectivamente.
Las sanciones a la actividad criminal se fortalecen con la denuncia ciudadana, la disposición de las y los servidores públicos, así como el empleo de herramientas tecnológicas. Son oportunidades contra la impunidad.
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