En mi columna anterior te platicaba del reset que comenzamos los que creemos en los cambios de temporada, como lo es el solsticio de primavera que hemos comenzado.
No es tan sencillo como desconectar y volver a prender la computadora.
Reiniciar en lo personal habla de mucho valor, ya que sabemos que no todos los comienzos son sencillos pero estamos dispuestos a correr el riesgo que esto conlleva, porque para reiniciar tuvimos que hacer primero un acto de conciencia de lo que queríamos transformar en nuestra vida, o de lo que queremos dejar atrás, yo le llamo coladera emocional.
Muchas veces dejamos de sentirnos cómodos con alguna amistad, pero son tantos años o tantas cosas vividas que nos cuesta reconocer que se terminó esa chispa o complicidad, porque alguna de las dos cambiamos y ya no coincidimos en situaciones como antes, o un trabajo en el que llevamos una década y que no podemos aceptar que realmente lo que teníamos que dar ya lo hicimos y nos da terror comenzar a promover nuestro currículum, por el qué dirá nuestro jefe el cual nos ha dejado en una zona en donde ya no impulsa nuestro crecimiento en la empresa, y así te puedes preguntar en diferentes situaciones que vives, ¿estoy realmente satisfecha (o) con lo que estoy haciendo? Es ahí donde surge la inquietud por el cambio, pero muchas veces el miedo le hace sombra y no nos deja continuar.
Sin embargo, cuando nos echamos un clavado a nuestra vulnerabilidad, a nuestro yo real, el genuino, el que solo nosotros sabemos que existe en lo profundo de nuestro ser, al que encaramos frente al espejo…. Ése es el que nos lleva a la crisis y metafóricamente hablando, como lo dice el título de esta columna no loto no lodo, ese cambio puede convertirse de lodo a pantano y revivir lo que no nos gusta y de pronto sentimos que nos ahogamos por lo oscuro que se vuelve todo, porque estamos solos, porque nos jala, pero si te das cuenta de ese lodo nace el loto, una de las flores más hermosas que existen.
Esta flor comienza con los pétalos como una sombrilla invertida y de ahí se van haciendo de más a menos cada uno de sus pétalos, hasta crear esa flor maravillosa y cada pétalo en crecimiento es el renacer de una faceta.
Nunca subestimes a lo profundo que llegaste del pantano, para poder convertirte en una flor nueva.
En la disciplina del yoga existe una posición llamada flor de loto, destaca por su simbolismo, pero sobre todo por los beneficios que crea hacer esta postura que significa: perfección, pureza física, espiritual y mental refiriéndose a la fortaleza y resistencia ante las adversidades.
Una vez que pasamos todos esos cambios generalmente nos preguntamos… ¿Cómo no lo hice antes?
Te invito a que cuando sientas que el miedo te invade, te detengas a evaluar cuántas veces has salido del lodo, fango ó pantano y has emergido con una nueva ilusión, realmente son cambios naturales que nos van sucediendo, de no ser así no evolucionaremos y nos podemos perder de vivir experiencias nuevas solo por quedarnos con la idea de que lo conocido nos da seguridad y los cambios incertidumbre.
Seamos pétalos abiertos a la transformación.
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